Noche de jaguares

Eran apenas las seis de la tarde y la calle estaba en penumbra por la inminente lluvia, Boris estaba cansado pues no había podido dormir ni dos horas seguidas la noche anterior y desde hace tres semanas tenía una pesadilla que lo abordaba con frecuencia, en ella, él caminaba con una herida en el pecho que sangraba profundamente por un follaje espeso y al llegar a un claro se veía rodeado por los ojos brillantes y dientes afilados de varios jaguares que se abalanzaban sobre él y empezaban a devorarlo lentamente.

Sintió un jalón en el pantalón y por reacción apretó los puños, al volverse se encontró con un niño andrajoso y medio ciego que aferraba en su mano una funda de cemento de contacto y que con obstinación tiraba de uno de sus bolsillos.

Sin violencia retiró la mano del muchacho y le dio la primera moneda que encontró; consultó su reloj y apresuró el paso, Mónica no soportaba la impuntualidad. Llevaban ya tres años y Boris vivía y pensaba en función de ella. Antes de dar la vuelta a la esquina recordó con rabia el retraso debido al muchacho pero al buscarlo con la mirada no lo encontró.

Mónica estaba esperando en la parada de bus frente al cine, intentó besarla pero ella lo esquivó. Boris reaccionó cuando ella ya estaba abordando un taxi, el tiempo transcurrido había sido muy confuso; en veinte minutos Mónica había alegado una incomprensión en su comunicación de pareja, una divergencia de intereses y una rutina asfixiante, después de aquel monólogo había dedicado apenas dos minutos para informarle que un amigo de la universidad había sabido escucharla durante todo este tiempo y que le había ayudado a decidirse.

Cuando las luces traseras del taxi eran apenas distinguibles Boris sintió una humedad en sus mejillas, el dolor era mucho más grande que la rabia, sus nudillos palidecieron y solo acertó a maldecir su suerte.

Caminar siempre le había echo bien, pero esa noche algo mucho más difícil que una disyuntiva filosófica le acosaba, los últimos tres años de su vida se habían ido a la mierda y con un discurso seudo lógico le habían escupido en el corazón.

Había cortado camino por un parque mal alumbrado, una solitaria estatua adornaba el centro de algunos pinos, estaba por leer la inscripción cuando una llovizna lateral le dio directo en los ojos, se sentó en la banca más cercana y se secó con su bufanda.

Cayó en un profundo sopor durante el cual hizo un final intento por serenarse, pero el recuerdo de los besos de Mónica y su precaria situación económica solo inspiraron más sufrimiento, sus lágrimas empezaban a extinguir sus últimos motivos por los cuales existir.

En ese preciso momento el cielo se despejó y la luna alumbró el extremo contrario del parque, un muchacho arrojaba una funda plástica que minutos antes apretaba contra su nariz y sus ojos en blanco denotaban un estado de trance, no fue necesario que Boris se percatara que varios niños brotaban de entre las penumbras de los árboles, ante su vista harapos de manchas dispersas se le acercaban y solo sonrió cuando una docena de ojos y dientes empezaron a brillar.

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One thought on “Noche de jaguares

  1. Excelente cuento mi Mauri! Siempre me ha gustado como escribes, espero ke sigas escribiendo y publicando. Me gusta la analogía que haces de los jaguares con los niños de la calle, es una realidad muy triste. La ciudad puede ser más peligrosa y hostil que cualkier jungla. Te deseo mucha inspiración y mucho éxito! Te alenzo!

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