Ojos Oscuros

Una de las reglas del juego era evitar cualquier residuo de la bebida dentro del vaso, Lucas se picó con el índice la mejilla y comprobó su embriaguez. Martín se levantó al baño en tanto Cristina y Gloria se decían algo al oído mientras reían; unos naipes viejos habían servido para alcoholizar homogéneamente a todo el grupo. De mutuo acuerdo olvidaron por una noche los asuntos universitarios y se habían reunido aquel jueves en el departamento de Martín, quien lo había ofrecido voluntariamente junto con el vodka y el jugo de naranja que animaron la reunión.

Lucas miraba con ansiedad a Cristina, esperando alguna señal aprobadora para acercarse, le inquietaba que Gloria estuviera tan  distanciada de Martín esa noche y que no se despegara de su amiga. Intentó acercarse a las muchachas pero ese instante Cristina se fue a llenar la jarra con jugo en la cocina.

–      Sírveme otro vaso – le dijo Gloria sacándolo de sus pensamientos.

–      Se acabó el preparado, solo queda vodka puro.

–      No me importa, quiero una excusa para animarme a faltar a clases – dijo mientras sonreía.

Como un autómata Lucas sirvió el licor con la mirada fija en la dirección en que se encontraba la cocina.

–      No sé por qué te gusta ella, no tienen nada en común.

Gloria había soltado la frase sin verlo y con total resolución. Lucas no esperaba semejante comentario, empujó el vaso y el licor se derramó por la alfombra.

–      Me encanta todo de ella que quieres que te diga, es como lo que tú sientes por Martín – dijo rápidamente mientras buscaba algo con que limpiar el desorden.

–      Martín tiene esos ojos verdes preciosos, desde un inicio me propuse que fueran solo para mí, y por cierto debe estar vomitando en el baño, no crees que deberías ir a verlo.

–      No, él sabe cuidarse por sí solo – Lucas odiaba que lo consideraran la niñera de Martín.

–      El huevón puede ahogarse, siempre ha sido una mierda con el vodka – insistió con un tono inquisidor.

–      Creo que será lo mejor – dijo Lucas mientras se agarraba de uno de los extremos del sofá más cercano para incorporarse.

–      Y por favor tráeme un vaso con agua – dijo ella asiéndolo del brazo.

Por el movimiento Lucas tuvo que regresar a verla para no perder el equilibrio, era la más joven de las cuatro, así como la más pequeña, tenía una cara alargada con unos ojos negros que le daban un semblante taciturno. Debido a que la tarde caía o al estado en el que se encontraba,  a Lucas le pareció ver una sombra bajo sus ojos.

Lucas caminó hasta el pasillo, trastabillando se dirigió a la cocina esperando conversar con Cristina con la excusa del agua, la jarra estaba cerca de la nevera pero no había señales de ella. Por un momento sintió temor de que se hubiera ido sin decirle a nadie y sin darle la oportunidad  de revelarle sus sentimientos hacia ella.

–      Todo es por algo – se dijo a sí mismo y fue en busca de Martín. El baño estaba con la luz apagada pero con la puerta parcialmente abierta.

Lucas se quedó petrificado, con la poca luz existente, distinguió las manos de Martín que se deslizaban por la cintura de Cristina mientras la besaba apasionadamente.

Martín había sido  su mejor amigo desde el colegio y el único que conocía todo acerca de él. Ambos habían sido el sostén del otro en situaciones difíciles y habían compartido innumerables juergas. Lucas no daba crédito a lo que veía e intentó controlar sus impulsos, pero todo ebrio es temerario, cegado por la ira se dirigió hacia la cocina y en uno de los cajones encontró un cuchillo de considerable longitud, cuando regresó, Martín recorría con sus labios el cuello de Cristina mientras apretaba sus caderas. La ira se transformó en un odio irracional, Lucas sintió poco  a poco como su mano aferraba más firmemente el arma que empuñaba con una endiablada decisión, iba a asestar el primer golpe cuando sintió un agudo dolor en la nuca y perdió el conocimiento.

Cuando despertó unos ojos negros lo miraban atentamente y lo acariciaban.

–      Tuve que golpearte estabas fuera de ti.

Estaba en una de las habitaciones, le dolía la cabeza y solo acertó a sonreír. Desconcertado optó preguntar por Martín y Cristina, Gloria le explicó que ella había echado a Cristina del departamento después de dejarlo fuera de combate y en vista que se le había pasado la mano con el golpe, Martín había ido a buscar un médico.

–      Siempre sospeché de ella sabes, Martín no quería lastimarnos a ninguno de los dos simplemente estaba borracho. – Miró a la ventana y tras suspirar Gloria  le explicó que ella tenía que ir a clases y que le alegraba que hubiera despertado, lo besó en la mejilla y se despidió.

Lucas se maldijo por dejarse llevar por su imprudencia, hubiera cometido un crimen  de no ser por la  oportuna aparición de Gloria, la admiró por su sangre fría de ver las cosas e intentó incorporarse para analizar la herida en su nuca. Una fina línea de sangre se deslizaba por su cuello pero la hemorragia de la herida había cesado. Observó por la ventana como Gloria salía del edificio con su mochila, una funda negra y una extensa sonrisa.

La demora de Martín le preocupaba, llamó a su celular pero no contestaba, así que decidió ir a buscarlo, al salir de la habitación Lucas encontró en el pasillo el cuchillo de la noche anterior todo ensangrentado y no tardó en hallar en el baño, dos cadáveres con varias puñaladas, los ojos de Cristina denotaban aún el dolor de la agonía y los de Martín no estaban.

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