Idi Amin Dada y el humanismo

Estimado lector por un momento imagine un joven con una limitada inteligencia y un nulo potencial racional, si basado en estos antecedentes usted se aventura a avanzar en el tiempo esperaría encontrar un futuro en el que dicho personaje estaría ligado a una vida de necesidad o dedicado a una labor técnica de poca importancia. Ahora en favor de este ejercicio mental intente sumarle a este joven un talento innato para intimidar y un ansia de poder, avance nuevamente en el tiempo y posiblemente llegue a la conclusión de que el protagonista de este prólogo es una mala persona… nos quedamos cortos.

Idi Amin Dada nació en una pequeña localidad de Uganda, hijo de granjeros y huérfano de padre, desde su más remota infancia sobrevivió a las penurias de su vida mediante la solidaridad de los campamentos militares; como es de esperarse el único camino frente a él era el de la carrera militar. Su escaso intelecto y su falta de educación se vio compensado por una altura de casi dos metros, una actitud arrogante, una falta de escrúpulos y la ambición de liderar a cualquier precio. Estas facetas de su personalidad le valieron escalar rápidamente los escalones de jerarquía hasta el punto en que 1991 mediante un golpe de estado se hizo con el control de toda Uganda.

Muchas veces en el transcurso de nuestra vida y sobre todo cuando nos encontramos en las primeras etapas de nuestra vida profesional, el hecho de que en un trabajo nos encontremos en continua competencia por el mejor empleo o por el más alto cargo, hace que incluso en empresas de renombre se motive al personal a ser indispensable y competitivo, al punto que se elimine cualquier tipo de falencia o en el peor de los casos ayudar para que nuestros iguales siempre estén a un escalón por debajo de nosotros.

Para mala suerte de la humanidad son las personas que piensan de este modo las que alcanzan ciertos puestos en los que una vez obtenido un minúsculo poder sobre otros, estos seres “evolutivamente mejores” se dedican a predicar su dogma y a generar con su presencia un pánico generalizado entre sus subordinados. Sumidos en el error, creen ciegamente que el miedo es lo mismo que el respeto, y que un salario mejor les asegura el derecho de dejar de ser humanos.

Si analizo lo antes expuesto mis padres me arruinaron:

– Me inculcaron que si conocía o dominaba algo que las otras personas no, eso no me daba poder sobre ellos sino la responsabilidad de enseñar lo que sabía.

– Partiendo desde mi familia se me enseñó que no existe un jefe, sino un grupo de humanos que se enriquecen unos a otros con sus ideas y sentimientos.

– Me dijeron que todo bien material no me hacía mejor o peor persona.

– Me enseñaron que pocas eran las personas que me recuerdan por lo que tengo, y muchas las sonrisas que se dibujan en los rostros de los que me rodean cuando comparto.

– Y sobre todo con amor infinito me pidieron que no fuera la persona que el vulgo espera que sea, simplemente que sea yo y sea consecuente con mis actos.

Me declaro una falla en el sistema, un tonto idealista. En la otra cara de la moneda Idi Amin Dada podría ser citado como un ejemplo de lo que la persistencia y el deseo de progresar sin importar el costo pueden lograr, bajo el punto de vista del mundo empresarial es una persona digna de imitar… Tal vez los tres cientos mil ciudadanos que murieron bajo su mandato de nueve años no opinen de la misma forma…

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