El látigo

Él creía ser libre y disfrutaba de ello,

hasta que fue de forma sutil capturado

la prisión era cálida, el alimento constante

y olvidó su ser, cambiando su naturaleza.

 

Entonces vino la indiferencia

y se preguntó si actuó mal

luego le siguió el látigo

pero aprendió a lamer sus heridas.

 

Y las visitas del castigo pasaron al día a día

el aprendió a quererlas, incluso las esperaba

reconocía el borde del látigo

en la oscuridad esperaba su sonido.

 

Hasta que intentó la fuga,

se convenció de la deuda de la vida

se tragó todos sus sentimientos

se arrancó el corazón.

 

Convencido que el látigo le extrañaría, huyó

los pastos pese a ser infinitos le dieron tedio

otros animales le ofrecieron compañía

pero su soledad no hacía más que crecer.

 

Y hasta el día de hoy sigue observando el horizonte

repudiando su derrotero, extrañando el castigo…

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