Extraños compañeros de viaje y otras fatalidades

En un futuro bastante lejano e improbable, el hombre podrá manejar campos de energía que permitan utilizar los llamados agujeros de gusano para doblar el espacio y permitir al ser humano desplazarse a infinitas distancias sin necesidad de gastar tiempo y con la máxima comodidad. Para bendición nuestra y de esta era, mientras tanto podemos regodearnos de las anécdotas que nos brinda nuestro querido transporte terrestre, porqué específicamente el terrestre, porque es el de masivo uso, de fácil acceso y porque nos brinda una interesante lista de compañeros de viaje, así que suba suba joven que aquí empiezan las descripciones:

El niño o la niña alienígena

Muchas personas juran que no estamos solos en el universo, y que las pruebas de ello abundan en borrosos videos y experiencias de abducción; yo puedo asegurar que no solo eso es verdad y que ya nos encontramos rodeados por “ellos”. En más de una ocasión el lector habrá terminado de posar su humanidad sobre el asiento de un bus, cuando empezará a sentir como algo o alguien escudriña su alma con afán constante, pese al miedo regresará su mirada y encontrará un niño o una niña entre los dos y cuatro años que lo mira fijamente; la respuesta es básica, uno sonríe y trata de olvidar el asunto, pero el niño continuará mirándolo fijamente, en este momento si se encuentra acompañado obviamente será motivo de algún tipo de broma, como el de “oye asómate silbando” o “mejor no asustes al guagua”. Y usted continuará con el protocolo básico de educación e intentará un saludo, el niño no se inmutara y es ahí cuando uno se pregunta porque la madre del infante se encuentra en ese momento despreocupadamente durmiendo, hablando por celular o riéndose en conjunto con sus amigos de la gracia del guagua. Si le ha pasado y se quedó con la misma inquietud no lo dude, investíguelo billi billi.

El amanecido

Esta particular especie de acompañante, prolifera un sábado por la mañana, precisamente cuando uno se dispone a movilizarse a alguna actividad deportiva, visita familiar y/o/u se encuentra desalojando un nido de amor. Suelen encontrarse ya sentados en el bus precisamente a lado del único lugar libre y uno se pregunta porqué si existe un lugar libre tres personas prefieren mantenerse de pie, después de la gileada interior para los brutos. Uno procede a sentarse y le llega la primera pista de su error: el muchacho o la muchacha en cuestión desprende un particular aroma que le recuerda a tres posibles cosas: un tang mal preparado, botella del abuelito que nunca dejaban tocar cuando uno era niño o el muy  romántico  hedor de la penca aquella donde grabó su nombre. Y es cuando uno para no parecer mal educado mueve las piernas ligeramente hacia el pasillo, mientras siente en su cabeza que son los anteriormente llamados brutos los que le dedican un “gil” afectuoso. Si ya le ve llevarse las manos a la boca, toca hacer la de Rolando Vera: corra pues hijito!

El deportista asoleado

Este más que un personaje, es un producto social, se deben sumar facilidades deportivas públicas más una ausencia total de instalaciones sanitarias decentes más el esplendoroso sol de un día despejado, multiplique por un bus lleno y divida para dos axilas. El resultado para cualquier nariz, que no sea privilegiada en resistir guerras bacteriológicas, es una poderosa arcada. Y es ahí cuando uno busca soluciones desesperadas: Si se excedió con eso del perfume en la muñeca, a absorber manga cual francés apasionado. Si se encuentra cerca de una ventana ignore al griposo de a lado y ábrala como quien logra salir del Poseidón. Si ya de por sí es tan salado que no ve solución ruegue que se suba el de los “caumales” adquiera dos y úselos en cada orificio nasal.

La pareja cariñosa

Español: Maldito idioma tan limitado en su vocabulario y en su expresión oral y escrita que queda corto al momento de querer expresar el amor. Siéntase un privilegiado si en su momento coincide en un bus con la pareja que sabe que el vaivén de un bus lleno oculta el correspondiente mano-nalga que si es capaz de transmitir el sentimiento. Maravíllese con el Romeo que se sentará en el asiento de enfrente, para indicarle que es un mito que una lengua no pueda tocar el duodeno. Y si ya por último se le arriman tanto que parte de la nacha del amado o amada ha pasado a ser la suya al menos dignamente pida un teléfono al cual llamar.

El griposo

Mencionado anteriormente en este pequeño escrito como víctima, ahora pasa a ser un victimario. Y es que hay gripes y GRIPES, uno entiende a las gripes, que permiten que una bufanda, unas gafas oscuras y un pañuelo new age le den al griposo incluso más argumentos para que el resto admire su buen sentido del vestir, lo que uno no soporta son las GRIPES capaces de romper pañuelos desechables de un estornudo, de instalar un sapo en la garganta cada vez que se quiera hablar y de proporcionarle una tos que le dejara listo para cantar canciones de Sabina en el karaoke. Si su compañero de viaje es el griposo, comprensión socialista y prepare la venganza capitalista, la próxima semana seguramente será usted el atentado terrorista.

La del complejo de Lea

Existe esa madre abnegada capaz de lidiar con cuatro niños a la vez y que puede velar por la seguridad de todos ellos, pero en SU CASA, ser compañero de asiento de este personaje atraviesa algunas fases: la primera en la que alguno de los cuatro niños se le ocurrirá, jalarle el cabello, preguntarle algo, manchar con un dulce su ropa o jalar de la misma, la segunda en la que la madre pide perdón le comenta algo gracioso sobre alguno de ellos mientras amedrenta con que el señor o la señorita es brav@ y se va a enojar, la tercera en la que uno intenta pasar por ignorante, ignorando a los infantes y la cuarta en la que al cobrar el pasaje la señora le pedirá de favor que “de cogiendo” a uno de los hijos de Jacob o para ser Ecuador probablemente Jesús o José. Si su labor termina cuando la señora encuentra su pasaje dé gracias a la divinidad de su preferencia, si tiene gusto de altruista o masoquista y no protestará si le endilgan al niño por toda la travesía solo espere que no le toque justo el del chupete manchador.

El/la flaquit@

Uno admite que no siempre se encuentra en su mejor forma, que a uno le bastaría ocupar medio asiento para sentirse cómodo y relajado, pero en la práctica no lo haga, uno le está extendiendo la alfombra de bienvenido para el flaquito. Este personaje de cierta contextura idealmente perfecta en pocas: esférica, se siente a sus anchas literalmente en cuanto a comodidad en un asiento de bus, no le bastará con ocupar su medio asiento restante sino que a medio recorrido sufrirá de una narcolepsia que precipitará su cabeza muy probablemente en dirección suya, si tiene fuerzas para resistir una posible embestida lateral: amabilidad y sonrisa, si no es su caso, un gato hidráulico en la mochila o bolso no estaría mal.

Este texto ya se extendió demasiado y uno debe agradecer a estos personajes que evitan que el viaje con menos expectativas resulte pródigo en anécdotas, y sobre todo pensar que fácilmente uno se convierte en el compañero de viaje de alguien más, al menos siempre recordar que la cortesía en un viaje es como el aire de los neumáticos, no cuesta nada y hace muy confortable cualquier travesía.

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