6 frases que utilizamos a diario

Decir que vivimos en la era de los teléfonos inteligentes y las personas ignorantes; es una afirmación demasiado negativa, basta ponerse a pensar que existen frases que utilizamos a diario y no alcanzamos a comprender mucho de su origen, su sentido o su validez, para muestra algunos ejemplos:

  • Pensar en la inmortalidad del cangrejo

Usada cuando nos burlamos de alguien que se encuentra ensimismado o distraído, se basa en un dilema filosófico que plantea que al ser el cangrejo un ser irracional que no es consciente de sí mismo y que por extensión no sabe que su vida terminará, para efecto práctico el cangrejo es inmortal.

Este tipo de pensamientos son propias del pragmatismo que busca encontrar la verdad en función de las consecuencias de lo que funciona, además de ello, han sido varios los poetas que han dedicado sus pensamientos a este postulado entre ellos Miguel de Unamuno.

  • ¡Qué mal dato, no siembres cizaña!

Utilizada generalmente cuando alguien quiere distanciar amigos, novios o similares, con comentarios conflictivos, el sembrar cizaña es una táctica antigua utilizada por los enemigos para “encargarse” de sus adversarios, consistía en sembrar esta curiosa planta entre los trigales de la gente que se quería afectar, en los tiempos de cosecha, el grano era molido y durante esta acción esta nociva planta liberaba toxinas que enfermaban e incluso mataban a quienes ingerían el pan producido con la harina resultante; pese a lo escalofriante del relato a veces a uno le da más miedo la lengua de algunas personas que la tétrica cizaña!!

  • Chuta, el man se cree de sangre azul…

… No es debido a tener alma de bolígrafo, pero esta frase usada para esas personas que buscan siempre trato preferencial o que demuestran gustos particulares, surge de la europa medieval en la que las clases nobles se dedicaban a labores domésticas mientras que el campesino común se ganaba la vida trabajando en el campo expuesto varias horas al sol, la falta del mismo en las clases superiores hacía que tuvieran una piel extremadamente pálida y por tanto las venas sobresalían en brazos y cuello dando en su conjunto una apariencia “azul”, ni que pitufos…

  • Necesitamos un chivo expiatorio

Pese a que en esta parte del mundo el cristianismo es la religión predominante seguimos buscando chivos expiatorios sobre todo cuando se habla de un crimen. El necesitar un “chivo expiatorio” proviene de la tradición judía de expiar los pecados a través de la ofrenda de un animal generalmente un chivo (la gente acomodada sacrificaba bueyes, mientras que la clase humilde se conformaba con palomas), el inocente animal de turno era sacrificado en medio de oraciones para permitir al pecador quedar absuelto de todas las culpas. Contrastando con la actualidad en la que dentro de la política, uno no siente tanta piedad por los “animales” de turno.

  • No entender ni jota

Nuestra generación chavista (Por el Chavo del Ocho no por Hugo Chávez), se precia de honrar al personaje de Don Ramón con el uso de esta frase, sin embargo, su origen se remonta a la situación discriminatoria en la que el idioma español tuvo a la letra jota durante un largo tiempo.

La jota fue originalmente adaptada de la letra yod del alfabeto hebreo posteriormente usada como consonante por los romanos, y fue precisamente la adición de esa peculiar curva en forma de rulo lo que dificulto su lectura en un inicio, por lo que en la antigüedad muchas personas tenían dificultad para entenderla, posteriormente su uso se masificó, aunque se necesitó de algunos siglos para su puesto final entre la i y la k dentro de nuestro actual alfabeto.

  • Me salvé por un pelo

Esta expresión casi siempre acompañada de alguna frase de gratitud a un ser supremo, se entiende como el salvar un peligro por muy poco, aunque en principio se daría a entender que la frase surge por lo pequeño y delgado de un cabello, su origen se remonta al inicio del transporte marítimo, debido a la falta de elementos de guía y de cartografía, los hundimientos eran muy comunes, los marinos en precaución de que alguien les socorriera se dejaban crecer el pelo para ser levantados con facilidad, literalmente si uno tenía suerte se salvaba por los pelos… qué de pelos!!

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