Ocaso

El ocaso reflejaba la pálida desilusión que nacía, de forma triste pero absoluta fui testigo de la cruel realidad que deformaba esa moribunda desilusión. Fueron palabras fáciles e irracionales que  en su individualidad no habrían matado el sueño, pero cual avispas trabajando en equipo con tu cruel actitud le dieron una muerte fugaz y dolorosa a la vez.

Difícil creer la inerte y terca confianza que te tuve, sin entender todo ese daño que me hizo  tu falso amor, que como dulce veneno fue matando uno por uno mis sentidos, aturdiendo ese respeto propio que me abandono al conocerte.

No es solo la traición o las mentiras, no son las burlas o falsas ambiciones; en sí, solo es el tiempo que avaramente mezquinaste, brindándome solo migajas de la perfección de tu ser. Todo esto me vuelve a hacer caer en tinieblas recordando lo vivido al pensar que no volveré a tener tú despectiva presencia.

Trato de recordar quien fui antes de ti y ahora entiendo lo importante de probar lo amargo para saborear lo dulce,  borrosamente observo elevarme sobre tus amargas tinieblas, que nuevamente la luz de la esperanza abriga mi pálida soledad, y comprendo que ya no eres tú quien asfixia la ilusión.

Fabricio Muñoz

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