Círculos Dantescos (Primera parte)

Desperté, si de alguna forma la muerte es una especie de sueño o trance, es la palabra más apropiada para definir mi estado. Muy ecuatoriano de mi parte, me morí en un accidente de tránsito, despistado y para caer en el cliché, fue por regresar a ver un muy probable don hereditario manabita.

Una vez, que el vestigio de esa última terrenal y al mismo tiempo esféricamente divina visión se perdió en mi mente, es que asumí en que debería preocuparme mucho del lugar en el que me encontraba. Se trataba de un corredor muy extenso en el que mi humanidad descansaba cómodamente sentada sobre una confortable silla, rodeado de personas que se encontraban en asientos similares al mío, las instalaciones eran de un blanco inmaculado y las personas esperaban en silencio en su mayoría concentrados en alguna lectura; aventuré a pensar que estaba en un hospital de la capital pero demasiado orden y educación, mierda si me morí.

Durante mi existencia había contemplado siempre a manera de broma que al fallecer preferiría ir el infierno ya que en él se encontrarían la totalidad de mis amigos, pensamiento muy cómico cada vez que fue expresado, pero tristemente irónico en este momento al notar que no había considerado que yo me iba a adelantar tanto. ¡Cómo que por un buen culo nadie se muere!

Una voz celestial me sacó de mis pensamientos, al levantar mi vista una muchacha de unos ojos oscuros y ligeramente rasgados me sonrió y se presentó como Eva, me tomó de la mano y me pidió que le acompañara. Uno creería que el hombre aprende de sus errores, pero apenas me dispuse a seguirla a través del pasillo la mirada se desvió hacia abajo. Ella volteó y con un gesto me indicó que le siguiera el paso y que caminara a su lado, por respuesta, repetí lo que siempre en mi apenas abandonada vida hacía cuando una mujer hermosa me solicitaba algo parecido, asentí y obedecí.

– Quiero darte la más cordial bienvenida al infierno, te encuentras en el vestíbulo de entrada, voy a acompañarte durante este trayecto de inducción – mientras repetía la frase su sonrisa desapareció e incluso levantó un poco la ceja derecha.

– Habría esperado un entorno más clásico para ser franco, y donde está la frase “Quien entre aquí, abandone toda esperanza” – su explicación lejos de asustarme, me relajó, y no pude evitar, la cita literaria.

– Vaya, vaya tenemos un intelectual, a ver, el infierno se ha modernizado, son contadas las almas humanas que al morir van con la competencia, de modo que nuestras sucursales ahora se adaptan a nuestros usuarios, este es el vestíbulo de entrada de la sucursal ecuatoriana, todo se acondiciona para que el recién llegado se acostumbre lo antes posible, “el tiempo es dinero” Sr. Wilde criollo. – Se había detenido mientras decía eso, el apodo me hizo gracia, la posible insinuación homosexual no tanto.

Caminamos por más de una hora, fue cuando noté que el pasillo era en realidad circular pero su extensión engañaba fácilmente la apreciación, cuando nos acercábamos a una especie de recibidor, me fijé en el cartel de la entrada “Quien entre aquí, realizará un trámite honestamente”, muy apropiado para la sucursal dije para mis adentros. Fijé la mirada en la que parecía ser la puerta al edificio, una columna de gente esperando se agolpaba ante dos gigantescos guardias, era tal la cantidad de personas que con la mirada no se podía observar el final.

– Son los apáticos, aquellos que vivieron sin virtud y sin pecado, seres condenados a una espera que nunca acaba, sin posibilidad de castigo ni gloria – Eva había adivinado mis pensamientos – Como ya te imaginarás nuestro recinto se encuentra subdividido en tres descansos intermedios y nueve pisos, en cada uno de ellos albergamos un castigo particular para cada condenado, del mismo modo que nos actualizamos acorde a la sucursal, los pecados considerados capitales en cada recinto son diferentes.

– Impresionante, si fuiste humana debiste ser de la secretaría de estado, verdad? – intenté el chiste pero ante la fría acogida continué – tengo claro lo de los nueve pisos y se explica por qué el pasillo en cada uno de ellos es circular, pero y para qué son los tres pisos intermedios?

– Los abogados en su país requieren un trato particular, estamos pensando incluso hacer una azotea para los economistas.

La carcajada fue espontánea y simultánea por parte de ambos.

– Acaba de llegar el ascensor vamos al primer piso.

Cuando se abrieron las puertas nada me pudo preparar para el espectáculo ante mis ojos, miles de personas en innumerables escritorios, repasaban meticulosamente unas enormes papeletas, una vez que acababan con una pila de papeles unos robustos guardias les dejaban una nueva pila incluso mayor que la anterior.

– Este es el castigo para aquellos que pese a tener una vida de virtud no hicieron de su paso por la tierra algo memorable, eternamente condenados a hacer un reconteo a petición de su partido político de preferencia. Solíamos incrementar el número de provincias para acentuar el castigo, en los últimos tiempos no ha sido necesario, pero suficiente es preciso subir al siguiente nivel.

Antes de volver a entrar al ascensor, alcancé a ver una señora cuya pila era el doble del promedio y maldecía en un deficiente español; me alegré de no ser del MPD y mientras ingresaba al ascensor la duda me asaltó, muy probablemente Eva solo me guiaría hasta el piso en el que yo pagaría mi condena, la idea fue sencillamente escalofriante.

– Olvidaba mencionarte tienes una oportunidad de disminuir tu futuro castigo, si encuentras cual es el factor común en los castigos capitales de este edificio tu tiempo de residencia pasará a ser la mitad – La mueca de Eva, me reveló que odiaba informar sobre ese detalle.

Un timbre muy similar al del inicio de un computador anunció nuestra llegada al segundo piso, dentro existían del mismo modo infinidad de computadores pero en lugar de escritorios existían divanes en los cuales hombres y mujeres balanceaban sus portátiles mientras esperaban la descarga de un archivo que siempre terminaba en error.

–          Contempla el castigo de los lujuriosos – Eva no añadió nada más.

–          Me parece completamente injusto, la lujuria siempre me pareció un bono de actitud en una persona no un pecado – Mi indignación era genuina.

–          No son castigados por la presencia de la lujuria sino por ser lo suficientemente egoístas como para no compartirla con alguien cuando la vida les dio la oportunidad, ahora una descarga de porno les durará una eternidad.

Preferí ni siquiera pensar en las innumerables veces en que yo mismo incurrí en esa falta, tragué saliva y aventuré: Si no es mi castigo podemos proseguir.

–          Con certeza! Vamos al tercer nivel

Conforme avanzábamos en el elevador, el ruido procedente del piso siguiente se incrementaba, al abrirse la puerta me encontré en un gigantesco patio de comidas.

–          Obviamente esto es por la gula, pero cómo un castigo para la gula puede realizarse en un sitio lleno de locales de comida.

–          Exacto, para alguien que desperdició la vida de animales, o que indirectamente le quitó la comida a alguien que la necesitaba por un mero impulso, esto es una punición muy pobre, pero mira con más atención

Al mirar con más atención me percaté que para mi sorpresa nadie comía nada todo el mundo se encontraba sentado con impaciencia o reclamando en las cajas, así que ahí estaba la crueldad, si existe algo que alguien con hambre no puede manejar es que nunca le llegue una comida que fue ofrecida. En el local de comida tradicional costeña me pareció reconocer a un político que protestaba mientras hacía una especie de baile.

–          Pero aquel todavía está vivo – Grité como quien insulta a un árbitro en una final de futbol.

–          Tienes razón a algunos la eternidad les resulta corta para pagar sus crímenes así que aquí cobramos por adelantado, pero no pienses mucho en eso, el viaje es aún largo y los círculos superiores se vuelven más complejos – Eva estaba llamando nuevamente el ascensor.

Pensé que complejo era un eufemismo para cruel o despiadado, y  con un poco de voluntad seguí a Eva mientras pensaba qué piso sería mi nuevo hogar…

Continuará…

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