Damián

–          ¡Eso es absurdo! Nunca puedes comprarte un pasado, y peor imaginar que la que te lo invente forme parte de esa historia y te acompañe. En todo caso preferiría que me dijeras que te emocionan los romances entre vampiros, en ese caso lo de maricón no sería solo una teoría… – Damián siempre decía las cosas sin meditarlas dos veces.

–          No es eso imbécil, te parece muy difícil creer que en algún lado una persona tiene justo lo que necesito y precisa lo que yo me siento muy capaz de proveer – Respondí indignado porque esa idea en particular me había alegrado el día.

Él sujetó por un instante la botella, la balanceó entre los dedos como calculando cuanto podría durar si la conversación atropellada que llevábamos se prolongara, tranquilamente se levantó y contempló la ventana sin pronunciar ningún sonido. No podría asegurar que contemplaba el paisaje o algo similar ya que a esas horas la espesa niebla de Quito apenas empezaba a menguar dando paso al siguiente día, la verdad estaba demasiado ebrio para atestiguar que nos encontrábamos en un lugar específico o a una hora determinada.

–          Mira no digo que la persona no pueda olvidar su pasado e intentar algo nuevo, intentar reinventarse a sí misma e incluso renegar de lo que fue o pensó ser, el punto es que si no consideras que todo lo transcurrido en tu trajinar es al menos una cicatriz en tu alma, nunca llegarás a ser honesto, aún contigo mismo – No se dignó en concederme al menos una mirada, seguía con los ojos fijos en algo impreciso. Yo nunca lograba descifrar cuando hablaba el licor o cuando su consejo procedía del anacoreta interno que en contadas ocasiones le asaltaba la razón.

Me acerqué con una mezcla de admiración y temor, porque en ese preciso instante un humor rojo apareció en el barrio bajo y poco a poco dominó la neblina que empezó a tornarse de un color, que semejaba el barro en el que en alguna ocasión en las carreteras orientales mi carro patinó y reconsideré mi vida.

–          Tienes que entender, yo me considero muy amoral en mi vida, me rijo de un código de ética particular que nadie que no sea yo entenderá, pero decir que debo aceptar una herida como propia cuando lo único que me ha ayudado es ignorarla, es como negarle el agua a alguien que ha pasado demasiado tiempo en el desierto – Siempre me sentía en desventaja con Damián, incluso antes de terminar mis argumentos consideraba perdida la discusión.

–          Sabes es curioso que escojas eso como metáfora, lo peor que puedes hacer cuando una persona ha pasado por períodos de deshidratación extensos es ofrecerle libremente agua, porque la beberá apresuradamente y sin contemplar consecuencias, solo vomitará más y empeorará su condición. ¿Creo que no tengo que extenderme en detalles o sí? – Su comentario aunque poco directo era demasiado claro en intenciones, no puedo asegurar que los años de conocerme le daban tanto poder sobre mí, era más una cuestión de experiencia, aunque tuviéramos la misma edad siempre me aventajaba en la sabiduría de la práctica.

Refunfuñé en mi asiento y simplemente dejé que una sombra se apoderará de mi reciente estado de felicidad, por considerarle sin fundamento y sobre todo porque en menos de tres frases se había deshecho como una prenda a la cual no se le ha puesto demasiado empeño.

–          Por ese tipo de actitudes considero que te pasa lo que te pasa amigo – Había soltado la botella y puso una de sus manos en mi hombro, pero no había piedad en el gesto, solo un aire de paternidad.

–          ¿Entonces cuál es el camino? ¿Ser un cínico, un realista, un amargado quizás?

Puso la botella en mi mano derecha y comenzó a reír. Con una carcajada tan sincera y limpia que por un instante la oscuridad que asolaba mi ser se disipó y como por arte de un encantamiento los primeros rayos de sol alumbraron su rostro a través de la ventana.

–          En tus escritos de una u otra forma tus personajes sonríen, por razones sádicas, por amor, por desesperación… sonríen porque viven, viven porque sufren, sufren porque sonríen – Dejó el vaso y se desvaneció como muchas otras veces.

Sonreí, su lógica era irrebatible.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s