La solución al dilema de Hippie Girl

Me encanta mi reloj negro, incluso esa raspón que va desde el tres al siete. No porque tenga un apego sentimental o porque haya sido un objeto excepcionalmente caro, tan simple como que me gusta y odiaría perderlo. Y es la particular situación en la que me encuentro la que me hace extrañarlo más. Está oscuro y no sé exactamente la calle por la que transitamos, quisiera tranquilizarme al ver la hora y fingir normalidad pero el “general” ya notó mi estado de incomodidad.

–          Nos fue mal body, pero tampoco te puedes quejar, un burdel de lujo es un burdel de lujo.

El “general” lanzó una risa que sustentara su afirmación y acto seguido se puso a buscar algo con la mano izquierda en el costado de la puerta, debían ser más de las dos porque no temió manejar solo con la derecha y casi sin ver a noventa kilómetros por hora.

–          Mi “general” yo sé, no es que la farra no haya sido chévere pero creo que tenemos que admitir que el problema el día de hoy fuimos nosotros – Terminé de decir las palabras y con actitud lapidaria me extendió una media cajetilla, no quería alterar demasiado a quien tenía mi vida entre sus manos (o en este caso su mano) así que acepté y lo encendí con aplomo.

Lastimosamente el aplomo en el ochenta por ciento de los casos se queda en la intención, e incluso supera ese porcentaje cuando el grado alcohólico en tu sangre supera la graduación de un vodka destilado tres veces. El encendedor se resbaló de mis manos, y el defecto de fábrica que es mi rostro se resaltó con el cigarrillo apagado que seguía en mi rostro.

—          Sabes en todo lo animoso que soy por una salida que termine en joda, siempre al final termino pensando en lo mismo – Su expresión se alteró totalmente, mi ridículo personal quedó de lado y su semblante se transfirió de forma instantánea a un punto indefinido en la carretera por delante.

—          Lo sé, a mí también me gustaría seguir siendo ingenuo y romántico mi “general” – En menos de cuatro cuadras la algarabía se había transformado en nostalgia, era en esos momentos cuando la amistad entre los dos pasaba a ser algo más trascendental, palabra un poco fuerte considerando que los tragos priorizan  hasta donde orinan los gatos.

Él no respondió, pero de conversaciones anteriores no me costaba saber en quien pensaba, tal vez en sus épocas de cadete en las cuales llenada hojas de poemas que aunque poco estilizados reflejaban todo ese sentimiento que llenaba su corazón y que por delirios del destino se fue cubriendo de una pálida pero efectiva armadura que hoy le permitían contratar amor y no sentir desdichas.

—          Sabes a veces me cuestiono mucho, después de tanto sufrimiento de tantas equivocaciones, uno aprende, como que se convierte en una versión mejor de uno mismo, más sabia, más preparada, más… – Dejó la última palabra como rondando en el aire esperando de mí la voz de un profeta que no existe.

—          ¿Más cínico, más tacaño en sus sentimientos, más propenso a ser insensible ante lo obvio? Sí esa es tu conclusión preferiría seguir siendo un cojudo la verdad – Había regresado el cigarrillo y el estado del piloto se había contagiado a todo el vehículo, me irritaba pensar que el mero pensamiento de volver a un estado de comprobrada ignorancia me causara ese tipo de reacciones.

Un silencio absoluto empezó a reinar, sin percatarme de ello había incrementado el volumen de mi voz cuando expresé lo último, el “general” no parecía reflexionar sobre lo expuesto era más bien como si mi comentario hubiera llevado su memoria a algún escondido lugar que creía olvidado, en mi puesto de copiloto esperé una señal y me preparaba para rebatir, seré borracho me dije pero borracho consecuente.

—          Yo no aspiro a mucho sabes, la historia de mis padres es muy hermosa, ¿Sabes que diversas situaciones les obligaron a casarse dentro de una situación que parece sacada del romanticismo francés de hace un siglo y medio? No quiero una historia así, solo algo que sea memorable aunque sea a pequeña escala – El “general” suspiró y terminó su cigarrillo, descendió la ventana y mientras una ráfaga de viento helada invadía el auto a mí se me ocurrió una idea.

—          ¿Amigo nunca te he hablado de Hippie Girl?

—          La verdad no, es un enlace de youtube o algo así.

—          No es alguien que no lee lo que escribo porque siempre me dice que un autor es un pésimo personaje principal.

 El “general” no seguía mi tren de pensamientos y al poco tiempo me volvió a ignorar pensando que ya muchas veces había soportado a ebrios delirantes, por mi parte pensé durante largo tiempo e incluso no reparé en que ya habíamos llegado a mi casa.

—          Amigo yo sé que escribes pero no se te ocurrirá por una chuma convertirte en un poeta romántico, verdad? – Yo ignoraba que el “general” hubiera leído algún relato mío, pero en sus ojos veía que su preocupación era genuina.

—          Todo lo contrario, se me ocurrió como convertirme en lo contrario – Cerré la puerta e ingresé a esa pequeña habitación que era mi refugio, el Word pirata estaba ya sin licencia, solo esperaba que la idea no se esfumara el día siguiente.

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