El maestro y el arroyo

El arroyo

El distrito de Vanj era poco conocido en el reino, en toda la región apenas existían unos tres cientos habitantes y los accesos a través de las montañas eran aún rústicos, lo que dificultaba las comunicaciones y el paso de transportes de forma regular. El haber nacido en aquel lugar, en casi todos los casos condenaba al individuo a una vida de campesino en la cual la mayoría del tiempo el motor principal de la existencia era una lucha constante contra la pobreza y el hambre.

Mi padre no se rindió a este destino que los habitantes habían adoptado como obligatorio. Cuando cumplió la mayoría de edad aprovechó la apertura que la dinastía Han había dado a las rutas comerciales y consiguió el apoyo imperial para la construcción de un camino que atravesara por nuestras tierras. En menos de veinte años las tierras que por mucho tiempo no valieron nada se tornaron imprescindibles para la demanda de alimentos que las expansiones hacia Mongolia y Corea estaban creando debido al crecimiento demográfico y las necesidades del nuevo ejército.

El destino de mi madre fue muy diferente, conoció a mi padre durante sus gestiones en la capital, su familia al conocer al pretendiente lo confundieron con un acaudalado terrateniente y aceleraron el proceso de matrimonio. Cuando mi padre la llevó a conocer el recóndito lugar que poseía como legado el desazón en su corazón se convirtió en un profundo desprecio por su marido. Ofuscado por la indiferencia, él se dedicó por entero al resurgir de la comarca y cuando tras quince años se convirtió en realidad en el adinerado hombre que ella consideraba que merecía amar, su edad la traicionó y falleció mientras me traía al mundo.

Cuando cumplí quince años mi padre rondaba los cincuenta, y su vida dedicada al trabajo arduo le había traído tierras y animales pero al mismo tiempo le valió una vejez prematura que para él resultaba una maldición. Al necesitar un sucesor calificado durante dos años dedicó la mayor parte de su tiempo a intentar enseñarme todo lo que él conocía, pero transcurrido ese lapso entendió que pese a ser un hombre de iniciativa, existían muchas cosas en las que permanecía ignorante y empezó a considerar una educación formal para su hijo, pero ante el miedo a que la belleza de la capital me alejara de mi tierra natal, optó por traer a un prestigioso monje para que durante un tiempo indefinido inculcara en mí todo su conocimiento.

Desde un inicio Xo no fue un maestro convencional, nunca llegamos a usar el edificio que mi padre mandó fabricar y que en poco tiempo se convirtió en una bodega donde se apilaron los diferentes enseres educativos desperdiciados. Él prefería recorrer los caminos entre los picos de los oteros y hablar con los campesinos, durante seis meses conocí más de la región que en los diez y siete años en los que de forma arrogante y mezquina había ignorado toda la belleza que me rodeaba.

El hecho de que ahora conociera los nombres de todos los habitantes de los pueblos circundantes, las bondades de la mayoría de la flora y que adquiriera cierta maestría en el manejo de animales y la predicción del clima, no impresionó a mi progenitor que esperaba de mí poco menos que un genio de los negocios. Pese a su decepción sentía mucho respeto por los hombres a quienes consideraba guías morales y tras informar a Xo que le pagaría por el trabajo de dos años prescindió de sus servicios como educador. Para su sorpresa el monje rechazó la oferta y solicitó el permiso para realizar un último viaje conmigo, antes de que mi padre entendiera por completo la extraña petición, me encontré a mi mismo caminando en compañía de mi tutor hacia un lugar indeterminado entre las montañas.

Cuando llegamos a una sección del camino en la que un árbol que no me era familiar coronaba la curva del arroyo; Xo anunció  que este era el final de nuestra travesía. Mientras con mis ojos trataba de encontrar la importancia del sitio en el que nos encontrábamos, mi tutor se descalzó y mientras se acomodaba en la orilla sumergió sus pies y cerró sus ojos. Procedí a organizar nuestras provisiones y después lo imité, apenas toqué el agua empezó  hablar.

– Una buena persona solo requiere dos cosas para ser feliz, la primera es que ame todo lo que continuamente pasa a ser parte de sí misma: el lugar en el que nació, la vida que lo rodea, las estrellas que lo observaron desde niño.

Esperaba con ansias que las palabras prosiguieran pero mi maestro empezó a divagar.

– Observaste el tejo que nos brinda sombra, es hermoso, pero ha sido injusto con el arroyo… la forma en como su tronco se curva varias veces con dirección al camino es debido a que durante todos estos años en invierno no resistía las bajas temperaturas y se alejaba del arroyo para estar cerca de las fogatas de los viajeros. Y por su parte mira el arroyo, mi padre creció en una aldea cerca de aquí y cada vez que estuvo cerca de morir de hambre, en el correr del agua encontró un pez o al menos la certeza de que el arroyo seguiría siempre ahí.

Después de almorzar emprendimos en mutismo el camino de regreso y cuando llegamos al lugar en que nos despediríamos, le rogué a mi apreciado maestro que me dijera el segundo punto que había quedado sin explicación.

– En tu vida ama con intensidad y lealtad a quien lo merezca.

Colocó su mano sobre mi hombro a manera de despedida y sin pronunciar ninguna otra palabra emprendió su viaje mientras yo contemplaba como su figura se desvanecía en el atardecer. Esa fue la última vez que lo vi, pero fueron sus enseñanzas y no las riquezas de mi padre lo que permitió que pudiera guiar a nuestra gente durante la división del reino y fue el conocimiento de todo lo que me rodeaba lo que evitó la devastación de la región cuando la guerra civil llegó a nuestras tierras. El tiempo que me tocó vivir lejos de ser afortunado estuvo lleno de inconvenientes, pero puedo decir que fui y soy muy feliz, el legado de Xo se tradujo en que en mi vida aprendí a amar a los arroyos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s