Doth-Ram Gol

Rago conocía cada pequeña piedra dentro de la llanura. Fue lo primero que vio cuando abrió por primera vez sus ojos almendrados y a los seis años ya recorría las planicies a lomos de un pequeño pony que su padre le había obsequiado. Ser el hijo del portaestandarte del gran Loros tenía esos beneficios, con celeridad fue instruido en la tradición de su pueblo y antes de cumplir los diez años ya era diestro en la doma de caballos y en las nociones básicas de la guerra. Otro regalo útil de su padre había sido la herencia de su contextura musculosa que le facilitaba el uso del látigo y el arco. A los catorce años Rago había sido el Ram más joven en alcanzar el grado de lanceador, y su orgullo era afirmar que pese a que le faltaran seis lunas para ser declarado un hombre ya era hermano jurado de la guardia personal de su lider.

Los Ram habían habitado esas tierras desde el inicio de los tiempos, por mucho tiempo fueron un pueblo oprimido que era continuamente diezmado por salteadores y todo viajero que atravesaba la planicie. Entonces Gorat el Audaz domó al primero de los caballos salvajes que habitaban el valle sagrado y enseñó a su pueblo a recorrer a lomo de sus descendientes la inmensidad de la llanura. Las sociedades libres empezaron a temer a la naciente tribu ya que lo precario de su condición inicial hizo que los Ram fueran de recio carácter y de músculos nervudos, lo que les permitió ganar maestría en el uso de las armas y les garantizó la fiereza necesaria para utilizarlas. Cuando su número fue lo suficientemente grande como para representar una amenaza para las ciudades de las fronteras, de forma voluntaria accedieron a rendir tributos y honores a los Ram. La paz había sido la constante desde la rendición voluntaria de Erim, la última de las ciudades libres del borde, pero eso estaba a punto de cambiar.

Loros había llegado al poder de la forma tradicional, había retado a su padre en singular combate, y había clavado la espada curva en el omóplato en la tercera acometida de su padre, cuando este se rindió le dio el honor de morir ahogado en su sangre con un corte limpio en la garganta. Se hizo proclamar como el primer Gol, siendo este título su declaración de que estaba cansado de dirigir un ente mercenario y que quería establecer un reino desde las llanuras hasta el extenso mar interior. Rago fue el más joven en adquirir el rango de guerrero ese año pero también era cierto que la necesidad de un ejército de mayores proporciones aceleró las ceremonias de la luna sangrienta en la que los niños abandonaban sus látigos para esgrimir por primera vez las espadas.

Durante los tres primeros años de su reinado Loros esgrimió sus fuerzas en contra de las ciudades que ya le tributaban y los Ram dominaron las calles de las mismas en una orgía de sangre y fuego. Fue entonces en la gran pira que se alzó en el centro de lo que había sido el palacio de la capital de Turuk donde Loros apegó su espada a la llama y con ella se desfiguró las facciones de la cara con suaves cortes candentes, después de diez cortes su rostro era un amasijo desfigurado en el cual sus fieros ojos se veían temibles incluso para sus propios seguidores. Acompañó este acto con su promesa de conquistar el reino de Elam ubicado en el nacimiento de las montañas, sus abuelos mordieron nabos para no morir de hambre en la llanura, sus nietos beberían en copas de oro a la sombra de grandiosos palacios. Los guerreros alzaron sus espadas y aullaron de júbilo, ebrios de poder y ansiosos de alcanzar ese paraíso que se les prometía. Desde el siguiente día Loros mandó matar a todos los testigos de su juramento que no fueran de su pueblo y tomó por costumbre vendarse el rostro, sus enemigos solo verían su fiero aspecto antes de morir.

La campaña en pos de las colinas fue extensa y después de cinco años, Rago ya era el capitán de la guardia. Había compartido los planes de su líder, se sentaba en su mesa y se había destacado gloriosamente en más de veinte batallas. El título tenía pocos honores y muchos peligros. En un corto período ya habían existido catorce guerreros en su puesto que habían caído durante una acción militar y otros ocho que habían muerto debido a los caprichos del ser al que cuidaban. Fue a lo largo de los enfrentamientos en los que empezó a detestar el derramamiento de sangre, en su juventud el ver como un opositor perecía aplastado por su montura le causaba un macabro placer y solía hacer un juego personal en el que trataba de adivinar en que parte del peto de la armadura de su primer contrincante se hundiría su lanza. Conforme el tiempo transcurría observó la forma en la que su pueblo amante de la libertad y de los encantos de la naturaleza se convertía en una horda que destruía y asolaba todo a su paso, la ambición de riquezas le habían puesto un precio demasiado alto al espíritu de los domadores de caballos. Todas estas conclusiones fueron ajenas a él por muchos años y no había sido su sabiduría la que le había abierto los ojos, fueron las palabras que habían salido de los labios de Irin.

Jinete

La conoció cuando destruyeron la fortaleza del vado norte, cuando la ciudad fue tomada y los guerreros se apoderaban  con la misma avidez de tesoros y personas, la encontró siendo víctima de tres jinetes que se turnaban en violarla. Rago reconoció que las ruinas de ese lugar eran las del templo del dios de las montañas. Impuso su autoridad y tomó a la muchacha como su prisionera. Una vez que cayó en cuenta del lío en el que se había metido, empezó a pensar que hacer con ella. Los miembros de la guardia no podían tomar esposa, y en su caso los contactos con mujer alguna se había restringido al solemne trato que debía dar a las concubinas de Loros. Se limitó a indicarle con señas que le siguiera e hizo un gesto de desenvainar su arma para darle a entender que no era una pregunta.

Durante la primera noche ella entró a su tienda y se despojó de sus harapos, Rago sabía que la mayoría de los miembros del séquito no honraban el juramento de castidad y que en la clandestinidad tenían a sus queridas como esclavas. En parte espantado y sorprendido, él acertó a negar con la cabeza y le ofreció una tela de lino para que se cubriera, ella se limitó a tomar la prenda y antes de salir de la tienda esbozó media sonrisa y mientras con su dedo índice apuntaba hacia sí dijo “Irin” casi como en un susurro. Al siguiente día la mujer del vado empezó a invadir su vida, comenzó por cocinar para él, y antes de que se diera cuenta ya le arreglaba la trenza de la barba y le ayudaba a ceñirse la cota de malla. Era hábil y muy inteligente, en un mes le confeccionó un traje de cuero con hebillas y bolsillos creados cada uno para una específica tarea y a los tres meses ya sabía comunicarse en la lengua común de los Ram. Por las noches mientras ella le ayudaba a quitarse la indumentaria tomaron por costumbre que le contara la historia de la gente de las montañas. Era una historia de decadencia y de traición, fue como conclusión de todo lo que escuchó de su boca que empezó a notar el declive de la cultura de su propio pueblo. No quería admitirlo pero ya no podía imaginar una vida sin Irin a su lado.

Cuando los jinetes entraron victoriosos a la segunda ciudad más grande de las colinas, todo era una algarabía de pabellones y estandartes que se sobreponían unos a otros. Muchos hombres se rindieron y las edificaciones no fueron destruidas sino reformadas, por último fue renombrada como Golad, capital provisional del ejército. En el banquete que se ofreció en la noche Loros se excedió con el vino y empezó a dar nombramientos a sus más allegados, doce elegidos con Rago entre ellos, fueron nombrados protectores de distintos sectores de los reinos recién conquistados. Una vez terminadas las designaciones el Gol en tono solemne anunció que los honores debían venir acompañadas con sacrificio para que sus hombres de confianza no perdieran su humildad. Empezó por solicitar al primero de ellos su mejor caballo como obsequio a su rey, conforme pasaban uno a uno los regalos se tornaron más macabros, un dedo, una oreja, Rago era el último en la columna y a su antecesor se le había solicitado cortarse con una daga parte de la nariz. Cuando fue su turno respiró hondo y se aproximó, ante su sorpresa se le solicito a su esclava del vado. Solo alcanzó a asentir mientras dos soldados tomaban a Irin por los brazos y la llevaban a su nuevo hogar.

Tuvo que esperar a que la noche transcurriera y las calles se vaciaran. Con paso decidido se dirigió a la morada de su líder. Los guardias en la entrada se encontraban inconscientes de tanto vino. Se abrió paso y entró en el preciso momento en que Loros forcejeaba con Irin, mientras ella le suplicaba que no le hiciera daño, tenía su vestido rasgado y un hilo de sangre le recorría desde la frente hasta el pecho. No pudo soportar semejante visión y con un rápido movimiento se descubrió a sí mismo desenvainando la espada y atravesando al Gol con su hoja. Después retomó la conciencia de su acto y horrorizado se paralizó frente al cadáver inerte. Irin lo sacó de sus pensamientos, empezó a gemir que había sido una locura, que había condenado a los jinetes a su destrucción, sin un líder una guerra civil era inevitable, una mujer no era razón suficiente para justificar todas las muertes que vendrían. Rago observó la inmensa chimenea que poseía el nuevo aposento, y luego miró con atención a Loros o lo que quedaba de él. Nada lo distinguía una vez extinguida su fiereza, tenía su misma complexión y sus ojos ya no poseían la voracidad de la furia sino la pasividad del castaño almendrado…

Irin vio con horror como Rago intercambiaba sus ropas, y arrojaba el cuerpo a las llamas. Mientras aún se distinguía la forma humana, con su espada comenzó a realizarse cortes acertados a lo largo de las mejillas continuando por la frente y el mentón. “Ram debe sobrevivir dijo, un Loras es necesario” – le oyó decir mientras se vendaba el rostro.

– Rago – exclamó mientras vio que se acercaba hacia ella.

– El traidor y su mujerzuela debían arder – lo dijo con decisión y con una voz mucho más ronca a la que recordaba. Iba olvidando su antiguo nombre mientras su espada se introducía en Irin.

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