Que todos nos olviden

Siempre me recriminas que no concibo finales felices y es verdad. Si fuera por mí todas las buenas historias terminarían con puntos suspensivos, cuando escucho un relato que sugiere que algo puede terminar de forma absoluta como una bendición, pienso que no se asemeja en nada a la verdad. Por eso los personajes que muy de vez en cuando salen de mi mente deben temer por sus vidas. No tengo una atracción por lo macabro pero es un buen instrumento cuando prefieres explicar una muerte que arriesgarte a dar un desenlace definitivo a una buena historia. Considerando eso comprende que si en la ficción me es difícil imaginar esa utopía de la felicidad, es comprensible que ponga en duda aplicar algo diferente a lo cotidiano.

En los medios de comunicación e incluso en nuestros más cercanos grupos de amigos imperan pautas invisibles que califican y gradúan la importancia de la existencia ajena. Cosas que escuchas de personas que aseguran que el prójimo de turno se encuentra cerca o lejos de ser considerado afortunado, enamorado o en la completa ruina. Argumentos ligados a lo material, a lo espiritual o a lo sentimental siempre juzgando en función de colocar una calificación intangible que te dirá si tu vida vale la pena, augurios que anticipan la clase de final que de seguro vas a tener.

La cuestión en sí se complica cuando la ecuación admite más variables. Es imposible no asegurar que cuando dos personas se unen adoptando el estandarte de un sentir, la gran mayoría se dedicará a apostar cuánto tiempo flameará en el viento e incluso muchos  esgrimirán sierras amenazantes. Me atrevería a decir que muchos son voluntarios cuando se trata de poner a prueba la osadía y el coraje de dichas personas. Habrá quienes blinden su aventura de cinismo esperando que la opinión de los demás no les afecte, del mismo modo algunos inventarán toda una serie de actos que pongan en boca de todos lo que se profesan y que de este modo nadie ose dudarlo; otros con el mismo fervor efectuaran mil juramentos y adquirirán compromisos de papel. Puede que alguno de esos recursos funcione, al menos para en apariencia alcanzar el desenlace anhelado, o mejor dicho el que parece adecuado.

Por mi parte creo que el final feliz si existe pero como una maquinación de la envidia hacia el resto de la humanidad. Cuando uno escucha a los protagonistas de hechos reales que rozan dicho concepto de perfección, uno encuentra a seres que se profesan una adecuada proporción de amor, honestidad y tolerancia; pero sobre todo personas que admiten haber atravesado problemas y que esperan vivir una constante lucha todos los días por mejorar su propia historia. No dan su presente como una obra concluida sino como un trabajo en continuo cambio.

En base a eso te propongo pasar desapercibidos, revelar solo en confidencia nuestros anhelos, preocuparnos de forma única por esto tan hermoso que tenemos juntos, usar lo que ya se ha escrito e inventar lo que no se ajuste a nosotros, crear  ese lenguaje secreto que solo ambos conozcamos, y hacer la única promesa que al final del día lo que importa somos nosotros dos. Que todos nos olviden… para nunca jamás olvidarnos.

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