Diez mil veces

El mundo ya giró más de diez mil veces y es difícil reconocerse después de todo ese lapso, sabemos que las cosas nunca funcionaron del modo ordinario en el que nos fueron explicadas, tampoco las expectativas de otros tiempos se sucedieron en el orden que habíamos planificado y sin embargo la vida en ese afán de fuerza imparable acomete de forma continua instándonos a no desperdiciar ni un segundo en la reflexión de lo que ya es pasado.

Una forma de analizar el trayecto recorrido es a través de los compañeros de viaje. Tal vez el compararnos con una generación dentro de un sistema tan rígido como el nuestro, no nos permita identificarnos con los eventos que ya ocurren, en todo caso son las personas más cercanas a nosotros los que nos hacen experimentar cierto tipo de aprehensión cuando notamos que cada vez es más difícil conectar tan variado espectro de responsabilidades adquiridas con los eventos que consolidaron los lazos de amistad.

En legítimo derecho cada persona después de diez mil giros busca su realización. Existen quienes siguen con el ritmo de la aventura y de los excesos, también están los que optaron en perfilar su vida en función de su trabajo y que a través del éxito justifican sus ausencias, un gran grupo ha equiparado los puntos anteriores y piensa en el valor de su individualidad, otro gran grupo ha encontrado con quien compartir esta existencia y ha construido su hogar. Habrá quien ya entienda su propia mortalidad a través de la pérdida de sus padres o abuelos, y en contraposición están aquellos que han experimentado la inmortalidad en una mano diminuta que les sostiene el dedo por primera vez.

Bienaventurados los que en estos diez mil giros no se han privado de nada. Aquellos que se han arriesgado a las locuras deportivas pertinentes, que han juntado los de la gallina y han expuesto su corporalidad a lanzarse de un puente, cruzarse un acantilado en un cable, descender por una cascada o correr un maratón. No se puede olvidar a quienes se han atrevido a viajar y que cada vez que cruzaban una frontera se permitieron expandir un poco su mente, conocer una cultura diferente, un nuevo idioma y una realidad ajena. Reconocimiento especial para quienes con dones o en ausencia de ellos se atrevieron a intentar crear arte, no importan los instrumentos musicales abandonados, las obras que hoy acumulan polvo, los sonetos de amores que no trascendieron o los paisajes fotografiados perdidos en un disco duro; la creatividad que nació con cada pequeño intento sustenta a diario esos esfuerzos. Felices quienes encontraron algo que los defina y que no se pueda comprar con algo tan barato como el dinero, bienvenidos sean los gustos bizarros, eclécticos y raros.

Salud por los tropiezos en el camino que en este punto de rotación terrestre son ya varios y en muchos de los casos repetitivos. Cada pequeño o gran sufrimiento ha tenido su recompensa, en el presente valoramos más las sonrisas que arrugan el rostro porque son las más sinceras, aprendimos a reconocer la verdad detrás de ciertas demagogias, parchamos el corazón varias veces y encontramos la forma de compartirlo con mejor criterio, conocemos las personas que a nuestro lado nos hacen sentir solos y la soledad que nos permite definirnos, nos es más fácil valorar a nuestra familia y recordar a los buenos amigos, porque detrás de cada lágrima derramada hemos encontrado un pequeño fragmento de sabiduría.

Y por último que bueno es admitir que aún conservamos la humildad que reside en la esperanza de mejorar en el futuro. Intentar reducir las críticas y los juicios, proponernos sonreír el doble en los días que se avecinan, ver con más asiduidad a los amigos, mirar con mayor detenimiento a los ojos de quienes amamos, expresar con mayor facilidad nuestras culpas y nuestros errores, aprender más sobre como respetar nuestro entorno. Somos aún muy inmaduros pero al menos ya tenemos la certeza que nunca la verdad es de nuestra propiedad como bien exclusivo. Lo bueno de que la tierra se encuentre girando continuamente es que el horizonte frente a nosotros nunca es el mismo en espacio y tiempo, esa es una ventaja. Una oportunidad.

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