El ataque contra la razón (Fragmento)

“La derivación del poder justo del consentimiento de los gobernados depende de la integridad del proceso de razonamiento mediante el cual se concede el consentimiento. Si el dinero y el engaño corrompen el proceso de razonamiento, el consentimiento de los gobernados se basa en premisa falsas, y cualquier derivado de esta manera es falso e injusto. Si el consentimiento de los gobernados se consigue mediante la manipulación de sus temores, o mediante fraudulentas afirmaciones de que existe una guía divina, la democracia se empobrece. Si la suspensión de la razón provoca que una parte significativa de la ciudadanía pierda la confianza en la integridad del proceso, la democracia puede entrar en crisis.

Si los ciudadanos ya no participan, aquellos que observan signos de corrupción o falta de lógica no tienen forma de expresar sus preocupaciones y llamar la atención de otros que, tras examinar las mismas pruebas, compartan su consternación. Ningún grupo de oposición crítica puede conformarse entre individuos aislados entre sí, mirando a través de espejos de sentido único en habitaciones insonorizadas, gritando pero sin hacerse oír. Si un número considerable de ciudadanos deja de participar en su proceso, la democracia muere.”

(…)

La idea del autogobierno se hizo factible después de que la imprenta, y más adelante la Ilustración, distribuyera el conocimiento entre los individuos y creara un mercado de ideas basado en el imperio de la razón. Cuando las decisiones pueden debatirse con plena libertad, la razón empieza a desplazar a la riqueza como principal fuente de poder

Cuando los actos de un gobierno están abiertos al examen de los ciudadanos, y sujetos a vigorosos debates y discusiones, es más difícil ocultar el uso corrupto del poder público para servir a intereses privados. Si el imperio de la razón es el patrón mediante el cual se evalúa todo uso del poder oficial, hasta los planes más complicados para abusar de la confianza de la sociedad pueden ser descubiertos y controlados por la ciudadanía bien informada. Además, cuando las ideas suben o bajan en función de su mérito, la razón suele conducirnos a tomar decisiones que reflejan la sabiduría del grupo tomado en su conjunto.

Pero solo la razón no es suficiente. Tiene que existir un foro público accesible a todos, en cuyo seno los individuos puedan comunicarse con plena libertad para dejar al descubierto la utilización del poder ilegítima e imprudente. Hannah Arendt, que escribió sobre el totalitarismo en el siglo XX, subrayó la importancia de la esfera pública para este proceso: <<Los únicos remedios contra el uso incorrecto del poder público por individuos particulares residen en la esfera pública, en la luz que ilumina cada acto ejecutado dentro de sus límites, en la visibilidad a la que se exponen todos quienes entran>>.

Si el foro no está abierto del todo, los que controlan el acceso se convierten en cancerberos. (…)”

Al Gore (Premio Nobel de la Paz 2007)

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