Los años de peregrinación del chico sin color (Fragmento)

“- ¿Qué narices haces en la Facultad de Ingeniería Civil? -le preguntó el chico a Tsukuru.

– Estudio para construir estaciones.

– ¿Estaciones? ¿Estaciones de tren, climáticas…?

– Estaciones de tren.

– ¿Y por qué?

– Pues porque el mundo las necesita -respondió Tsukuru, como si fuera obvio.

– ¡Qué interesante! – dijo él, con aire de, efectivamente, parecerle interesante -.

Hasta ahora nunca había pensado en la importancia de las estaciones de ferrocarril.

– Pues me imagino que tú también las utilizas. Si no las hubiera, a ver cómo ibas a subir al tren…

– Claro que las uso, no podría vivir sin ellas… Pero, la verdad, nunca había imaginado que existiera gente que se muriera de ganas de construir estaciones.

– En el mundo hay gente que compone cuartetos para cuerda y gente que cultiva lechugas y tomates. Hará falta también alguien que construya estaciones, ¿no? Y, en mi caso, tampoco es que «me muera de ganas» de construirlas. Simplemente es un tema muy específico que me interesa.

– Perdona que te lo diga, pero encontrar un tema de interés específico en la vida ya me parece suficiente logro.

Tsukuru, creyendo que le estaba tomando el pelo, se quedó mirando su agraciado rostro. Pero parecía que lo decía en serio. Su expresión era honesta, sin un atisbo de malas intenciones.

– Por lo que veo, Tsukuru, te gusta hacer cosas, como indica tu nombre.

– Sí. Siempre me ha gustado crear cosas, darles forma -reconoció Tsukuru.

– A mí me pasa todo lo contrario. No sé por qué, pero, que yo recuerde, siempre se me ha dado mal eso de crear cosas. Ya en primaria era incapaz de hacer cualquier manualidad sencilla. Y no hablemos de montar una maqueta. Prefiero pensar en cosas abstractas. Cuando me pongo a pensar, nunca me canso, pero soy incapaz de dar forma a algo con las manos. En cambio, me apasiona cocinar, y, si lo piensas bien, la comida va perdiendo su forma original mientras uno la prepara… Te parecerá extraño que alguien a quien se le da mal construir cosas se matricule en una universidad tecnológica, ¿no?

– ¿En qué te quieres especializar tú?

El estudiante permaneció un rato callado, pensativo.

– No lo sé -contestó al fin-. Al contrario que tú, yo no tengo muy claro lo que quiero hacer. Sólo sé que, haga lo que haga, me gustaría poder reflexionar profundamente sobre las cosas. Seguir pensando de forma pura, con toda libertad. Sólo eso. Aunque, en el fondo, reflexionar de forma pura quizá sea como crear un vacío.

– Supongo que en este mundo también hacen falta personas que creen vacíos.

El estudiante se echó a reír.

– Si todos los que cultivan lechugas o tomates en el mundo se dedicaran a crear vacíos, se armaría un buen lío.

– La reflexión es como la barba: no crece hasta que alcanzas cierta madurez.

Creo que lo dijo alguien -comentó Tsukuru-, no recuerdo quién.

– Fue Voltaire -apuntó el estudiante más joven. Y mientras se frotaba la barbilla con la palma de la mano, esbozó una sonrisa cándida y jovial-. Pero la frase no me parece muy acertada. Fíjate: yo apenas tengo barba y, en cambio, me gusta pensar.

Me gustaba ya de pequeño.

En efecto, su rostro era terso, sin el menor asomo de vello. Sus cejas eran finas, y sus orejas bien definidas, como dos hermosas conchas.

– A lo mejor Voltaire se refería más bien a la introspección y no a la reflexión -apuntó Tsukuru.

El otro inclinó ligeramente la cabeza, dubitativo.

– Es el dolor lo que genera la introspección. No la edad, y mucho menos la barba.”

Haruki Murakami

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s