La caverna (Fragmento)

“Un hecho es lo que el día trae , otro hecho es lo que nosotros, por nosotros mismos, le aportamos a cada día que vamos viviendo, la vida es acarrear vísperas como quien acarrea piedras, cuando ya no podemos con la carga se acaba el transporte, el último día es el único al que no se le puede llamar víspera. No me entristezca. No, hija mía, pero tal vez tú seas la culpable. Culpable de qué. Contigo siempre acabo hablando de cosas serias. Entonces hablemos de algo mucho más serio, elijamos nuestros muñecos. Cipriano Algor no es un hombre de risas, e incluso las sonrisas leves son raras en su boca, como mucho se le nota brevemente en los ojos un brillo repentino que parece haber mudado de lugar, algunas veces también se puede entrever un cierto rictus en los labios, como si tuviesen que sonreír para evitar sonreír. Cipriano Algor no es hombre de risas, pero acaba de verse ahora que el día de hoy tenía una risa guardada que todavía no había podido aparecer. Vamos a ello, dijo, yo escojo uno, tú escoges otro, hasta tener seis, pero atención, teniendo siempre en cuenta la facilidad del trabajo y el gusto conocido o presumible de las personas. De acuerdo, haga el favor de empezar. El bufón, dijo el padre. El payaso dijo la hija. La enfermera, dijo el padre. El esquimal, dijo la hija. El mandarín, dijo el padre. El hombre desnudo, dijo la hija. El hombre desnudo, no, no puede ser, tendrás que elegir otro, al hombre desnudo no lo querrán en el Centro. Por qué. Por eso mismo, porque está desnudo. Entonces que sea la mujer desnuda. Peor todavía. Pero ella está tapada. Taparse de esa manera es más que mostrarse toda. Me estoy quedando sorprendida con sus conocimientos sobre esas materias. Viví, miré, leí, sentí. Que hace ahí el leer. Leyendo se acaba sabiendo casi todo. Yo también leo. Por tanto algo sabrás. Ahora ya no estoy tan segura. Entonces tendrás que leer de otra manera. Cómo. No sirve la misma forma para todos, cada uno inventa la suya, la suya propia, hay quien pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir más allá de la lectura, se quedan pegados a la página, no entienden que las palabras son solo piedras puestas atravesando la corriente de un río, si están allí es para que podamos llegar a la otra margen, la otra margen es lo que importa. A no ser. A no ser, qué. A no ser que esos tales ríos no tengan dos orillas sino muchas, que cada persona que lee sea, ella, su propia orilla, y que sea suya y sólo suya la orilla a la que tendrá que llegar. Bien observado, dijo Cipriano Algor, una vez más queda demostrado que no le conviene a los viejos discutir con las generaciones nuevas, siempre acaban perdiendo, en fin, hay que reconocer que también aprenden algo.”

José Saramago

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