Tehanu (Fragmento)

“Esa noche caía una helada más fuerte. Su mundo estaba sumido en un perfecto silencio que sólo rompía el murmullo del fuego. El silencio era como una presencia entre los dos. Ella alzó la cabeza y lo miró.

-Y bien -dijo-, ¿en qué cama duermo, Ged? ¿En la de la niña o en la tuya?

Él respiro profundamente. Habló en voz baja.

-En la mía, si quieres.

-Sí.

El silencio lo inmovilizaba. Ella se daba cuenta del esfuerzo que hacía para escapar de ese silencio.

-Si me tienes paciencia… – dijo él.

-He sido paciente contigo durante veinticinco años -dijo ella. Lo miró y se echó a reír-. Ven, ven, querido… ¡Más vale tarde que nunca! No soy más que una vieja… Nada se pierde, nada se pierde jamás. Tú me lo enseñaste. – Ella se puso de pie y él se levantó; ella extendió las manos y él se las tomó. Se rodearon con los brazos, y se estrecharon. Se abrazaron con tal intensidad, con tal cariño, que todo lo que los rodeaba desapareció. Poco importó en qué lecho hubiesen pretendido dormir. Esa noche se tendieron en las piedras que rodeaban el hogar y allí Tenar le enseñó a Ged el misterio que ni siquiera los hombres más sabios podrían enseñarle.”

Ursula K. Le Guin

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