Poema del Regreso

Vengo del fondo oscuro de una noche implacable
y contemplo los astros con un gesto de asombro.
Al llegar a tu puerta me confieso culpable
y una paloma blanca se me posa en el hombro.

Mi corazón humilde se detiene en tu puerta
con la mano extendida como un viejo mendigo;
y tu perro me ladra de alegría en la huerta,
porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo.

Al fin creció el rosal aquel que no crecía
y ahora ofrece sus rosas tras la verja de hierro:
Yo también he cambiado mucho desde aquel día,
pues no tienen estrellas las noches del destierro.

Quizás tu alma está abierta tras la puerta cerrada;
pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo,
mírame dulcemente, sin preguntarme nada,
y sabrás que no he vuelto… ¡porque estaba contigo!

José Ángel Buesa

Canción para el día malo

Supongo que hoy tu almohada amaneció torcida

que tu pie al tocar el piso encontró un botón

quizá tu meñique a la puerta saludó en la esquina

o puede que el agua caliente una vez más se dañó.

 

De seguro el refrigerador se enemistó con la leche,

y las lujuriosas llaves buscaron un lugar oscuro,

por sentado doy que se amaron toda la noche

asegurándote una profecía de atraso en tu futuro.

 

En el transporte todos los asientos se ocuparon,

y tu vecino no distingue una cumbia de una sonata

para colmo sus únicos audífonos se le quemaron

así que los sonidos que comparte son una lata.

 

Como nunca al jefe se le ocurrió llegar temprano,

e improvisa un discurso sobre la impuntualidad,

eso sí a las de falda corta no les llega el reclamo,

te tragas la justa respuesta y comienzas tu trajinar.

 

Al terminar tu horario, a alguien quieres matar,

al demonio causante de tan malévolo plan,

piensas que todo lo malo fue más que el azar,

y te afloran las lágrimas que no pudiste soltar.

 

Pero existe alguien que se encuentra aún peor,

y no lo digo como el derrotado que mira al suelo,

se trata de un desdichado que te ama de corazón,

pero hoy se ve incapaz de servirte de consuelo.

 

Para esos momentos de soledad sin sentido,

busca revivir mi recuerdo y hacerlo eterno,

que yo intentaré animarte con cada respiro,

tú solo sonríe, un día menos antes de vernos.

En eso se resume

Hasta ese momento no había caído en cuenta que no sé la forma que tiene una zarza, o si una nube debería ser de un color especial para poderla distinguir de una niebla; para ser sincero habría esperado quedarme ciego o tal vez que alguna verdad me fuera revelada como quien desliza una cortina para que el espectador comprenda el capítulo final de una obra. En lugar de estas apreciaciones las circunstancias de la epifanía habían sido completamente equivocadas, humanas muy humanas.

Nunca terminé mi educación formal como músico, solo las bendiciones de Baco me engañaban a la hora de cantar y estoy por completo seguro que más que un don era una maldición para los seres cercanos. Tampoco tuve la gracia de los dioses para la pintura o el dibujo y mis manos son incapaces de modelar la piedra o el barro, ni los castillos de arena me salen bien. En la danza soy más bien torpe o lo poco que sé es por esfuerzo y no se diga la poesía que por algo este texto no rima.

Poco puedo argumentar en dialéctica, y de poco me ha servido leer sobre la epistemología, los sistemas suelen tener fallas, así como los conceptos tienen variables, las medidas poseen incertidumbres e incluso los números a veces dependen de estadísticas inciertas. Tanto las ciencias exactas como las humanas tienen sus limitaciones y es normal que alguien tan obtuso como yo no las entienda.

En los cardinales solo llegué a entender los puntos de orientación jamás las virtudes. Siempre imprudente con mis comentarios, injusto con mi tiempo y dedicación, desbocado en las atracciones y deficiente en los momentos difíciles. Le fallé a Platón, a Cicerón y a Tomás de Aquino, y hasta al cura de mi confirmación. Para colmo también soy perjuro como teólogo así que la fe estribaría en la esperanza que por caridad algo recuerde.

Siempre tibio nunca decidido, ese es el mal común de los mortales. Ni para las opuestos salí bueno o debería decir malo. Tal vez por pereza no resulté soberbio pues nunca encontré bueno perder el tiempo en hablar de mí mismo, o será envidia por los que si pueden. Me guardo mi ira para los que no la merecen y en esa avaricia no suelo poder comer ni pensar mal. Acorralado entre la indecisión siempre acabo debiendo y cuando hasta mi alma pongo en oferta resulta que no hay demanda.

Y si algún valor he considerado tener viene del lado de los sentimientos, esclavo fiel de lo que me ocurre. Altruista más por el decreto de un programa computacional que por aclamación popular. Fiel sujeto a ser herido más por confiado que por masoquista. Proclive a perder cuando se apuesta el bienestar, poco sesudo en el lado de confiar. Y hasta hace poco tan ignorante en acciones abismales como el hecho de saber callar.

Embelesado en anunciar mi madurez, proclamé a los cuatro vientos mi independencia, en la facilidad de desprenderme de las cosas, en como con mi absoluto conocimiento podía desmentir al charlatán, como se puede prescindir de lo superfluo y de cómo ser más humilde sumido en la grandeza.

Un día sucede sin previo aviso, opto por el silencio, por la duda, pues te cruzas en mi vida. Siendo la más tierna revelación del camino, incapaz de entender semejante descubrimiento me siento ignorante al tratar con tal belleza. Aún no sé cómo se moldea una melodía que rima con un movimiento en un trazo. Ninguna regla me susurra como hablar contigo, ningún teorema me dice la estrategia para no perderme en tu mirada. Cualquier virtud que busque en mí, para merecer ser digno se me hace incumplible o escapa a mis esfuerzos y del mismo modo cada evento reprochable me parece perdonado si me imagino compartiéndolo contigo. Y si de sentimientos es el foro me declaro ignorante cuando de ti se trata. En cuanto a mi falsa libertad, solo puedo decir que no es completa si no estás conmigo.

Y en eso se resume, puedo decir que pasan revelaciones, artes, verdades, virtudes, pecados y sentimientos. Pero el tiempo no pasa, está detenido, y del mismo modo que reza el poema tan conocido, ahora “estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo”

Que todos nos olviden

Siempre me recriminas que no concibo finales felices y es verdad. Si fuera por mí todas las buenas historias terminarían con puntos suspensivos, cuando escucho un relato que sugiere que algo puede terminar de forma absoluta como una bendición, pienso que no se asemeja en nada a la verdad. Por eso los personajes que muy de vez en cuando salen de mi mente deben temer por sus vidas. No tengo una atracción por lo macabro pero es un buen instrumento cuando prefieres explicar una muerte que arriesgarte a dar un desenlace definitivo a una buena historia. Considerando eso comprende que si en la ficción me es difícil imaginar esa utopía de la felicidad, es comprensible que ponga en duda aplicar algo diferente a lo cotidiano.

En los medios de comunicación e incluso en nuestros más cercanos grupos de amigos imperan pautas invisibles que califican y gradúan la importancia de la existencia ajena. Cosas que escuchas de personas que aseguran que el prójimo de turno se encuentra cerca o lejos de ser considerado afortunado, enamorado o en la completa ruina. Argumentos ligados a lo material, a lo espiritual o a lo sentimental siempre juzgando en función de colocar una calificación intangible que te dirá si tu vida vale la pena, augurios que anticipan la clase de final que de seguro vas a tener.

La cuestión en sí se complica cuando la ecuación admite más variables. Es imposible no asegurar que cuando dos personas se unen adoptando el estandarte de un sentir, la gran mayoría se dedicará a apostar cuánto tiempo flameará en el viento e incluso muchos  esgrimirán sierras amenazantes. Me atrevería a decir que muchos son voluntarios cuando se trata de poner a prueba la osadía y el coraje de dichas personas. Habrá quienes blinden su aventura de cinismo esperando que la opinión de los demás no les afecte, del mismo modo algunos inventarán toda una serie de actos que pongan en boca de todos lo que se profesan y que de este modo nadie ose dudarlo; otros con el mismo fervor efectuaran mil juramentos y adquirirán compromisos de papel. Puede que alguno de esos recursos funcione, al menos para en apariencia alcanzar el desenlace anhelado, o mejor dicho el que parece adecuado.

Por mi parte creo que el final feliz si existe pero como una maquinación de la envidia hacia el resto de la humanidad. Cuando uno escucha a los protagonistas de hechos reales que rozan dicho concepto de perfección, uno encuentra a seres que se profesan una adecuada proporción de amor, honestidad y tolerancia; pero sobre todo personas que admiten haber atravesado problemas y que esperan vivir una constante lucha todos los días por mejorar su propia historia. No dan su presente como una obra concluida sino como un trabajo en continuo cambio.

En base a eso te propongo pasar desapercibidos, revelar solo en confidencia nuestros anhelos, preocuparnos de forma única por esto tan hermoso que tenemos juntos, usar lo que ya se ha escrito e inventar lo que no se ajuste a nosotros, crear  ese lenguaje secreto que solo ambos conozcamos, y hacer la única promesa que al final del día lo que importa somos nosotros dos. Que todos nos olviden… para nunca jamás olvidarnos.

El gesto

Aquel que se ve perdido en el abismo de la soledad

intenta encontrar algún fragmento que no sea pasado

y a pesar de que el mundo le brinde una oportunidad

preferirá la facilidad de convertirse en un exiliado.

 

Si se da el caso que el canto del poeta ha enmudecido

será tal vez porque su laud ha perdido una bella nota

puede ser que el mundo del vate ha perdido sentido

que por dolor su corazón se desangró de gota en gota.

 

Hay días en que el demente arranca en amargo llanto

que su dicha se opaca por el pasar de una simple brisa

es acaso que su cordura lo atormenta por un encanto

o que olvidó lo feliz que es maravillarse en una sonrisa.

 

Así me sentía yo en el exilio, sin canto, un tanto loco

pensando que toda acción hecha es un intento en vano

volvió el futuro, sonó el acorde, me enamoré un poco

percibí en la oscuridad una luz cuando sujetaste mi mano.

Tomar de la mano

Dos silencios

Cuando un silencio se origina

su nicho es un corazón roto

es una poesía que desafina

un dios triste sin altar devoto.

 

Y si el silencio crece y persiste

aprende a ignorar cualquier canto

se torna más penoso y triste

de cinismo se llena su manto.

 

Cuando dos silencios se encuentran

en inicio solo hay desconfianza

tal vez del destino se lamentan

pero renace una nueva esperanza.

 

Beso

 

Y si dos silencios se entienden

la vida retoma su antiguo color

se quitan la venda y emprenden

lo que a veces se convierte en amor.

 

Cuando dos silencios terminan

acaba el tiempo de sentirse ileso

son dos seres los que se animan

a inmortalizar un primer beso.

 

Prometo

El modo en el que su cabello se mantenía alineado de forma perfecta, pese a que no tenía un moño, era una visión inenarrable. Una tarea imposible realizada frente a mí con una precisión irreal y que al prescindir de cualquier nudo complejo se convertía en un marco natural que cumplía no solo con su papel de mantener despejado por completo todo su rostro, además acentuaba esa hermosa sonrisa que había propiciado esta primera abstracción de mi parte.

No me importa que la ciencia haya comprobado que no existe el iris negro en humanos, aunque se afirme que lo que poseemos son tonalidades del castaño, puedo asegurar en este momento que los ojos que me miran desde el otro lado de la mesa poseen la profundidad de una noche despejada, su color, su entereza y su encanto. Aquellos días en los que por una coincidencia entre la fecha del año, las condiciones ambientales y universales hacen que la luna permanezca ausente y la luz de estrellas lejanas opten por no mostrar sus falsos reflejos, son esos días los que permiten que noches como esa roben nuestro aliento por un momento. Con esperanza aspiro que sea ese mismo conjunto tan dispar y determinante de casualidades las que me tienen sentado el día de hoy frente a ella.

Es extraño el proceder que tiene el sino cuando intenta revelarnos verdades olvidadas, suele ocurrir no en una serie de consecuencias lógicas, es más como un conjunto de giros apresurados de un ritmo tan desenfrenado que no nos permite detenernos a pensar, es en esta falta de raciocinio, en este frenesí sin control donde reposan la mayoría de los dones de ciertos sentimientos. Es el desorden y la rapidez con la que ocurre la que logra que los seres humanos por un tiempo dejen sus inseguridades, sus prejuicios, sus dudas y se abandonen a lo incierto. Pero así como los años de evolución han permitido nuestra supervivencia han desarrollado en nuestra mente elementos de auto preservación que no se limitan a los daños físicos o a los atentados contra nuestra propia vida; son actos que se basan en las cicatrices del pasado y nos vuelven muchas veces insensibles a un proceso cuando este se repite. Son estas mal llamadas defensas las que nos convencen de evitar la posibilidad de arriesgar, de vivir.

Ella continúa hablando, yo la escucho con toda la atención del mundo, y sin embargo soy yo mismo quien se ha planteado las diferentes temáticas planteadas antes. Pensar en ello es aterrador, el hecho de que una persona en particular sea capaz de tener un efecto semejante sobre mis sentidos y mi mente es impensable, escalofriante, entre otras cosas. La idea más coherente sería escapar, idear una estratagema, una emergencia, un modo de evitar ese momento del no retorno, ese lapso de tiempo en el que te expones y esperas lo que desconoces. Empiezo a pensar en ello y de las miles de posibilidades que existen, es en este momento cuando a mi cerebro se le ocurre estar falto de ideas.

Estoy a punto de un ataque de ansiedad y trato de controlarlo lo mejor que puedo, ella ha dejado de hablar, tal vez me hizo una pregunta a la que no presté atención, siento como esa mirada escruta dentro de mí tal vez interrogándose si valía la pena perder el tiempo conmigo. Son instantes pero con cada segundo que pasa se confirma que en lugar de pensar estupideces bien podía representar un mejor papel. Tal vez lo adecuado habría sido minimizar el asunto a una salida ocasional,  a una oportunidad que no era ni necesaria ni descartable, es el orgullo el que intenta darle al hecho un valor nulo, así se amortigua el golpe, de esa manera el ego queda intacto.

 – ¡Qué mal! Así toca con esto de los padres a veces, cachas ya me están llamando. – Mientras dice esto ríe con el derecho que da la honestidad.

Suspiro aliviado y solo alcanzo a pedir la cuenta, pagarla y salir. Ha sido ella la que me brindó mi escape a esta situación. Con cada paso hacia la calle voy sintiendo como cualquier tipo de problema futuro se va diluyendo y hablo con confianza y retomo un chiste que surgió durante la tarde. Siempre pienso demasiado, debería hacerle más caso a mi mejor amigo.

 – Sabes igual podemos salir otro día de esta semana – Dice con naturalidad y se sujeta a mi brazo.

Ella me mira con los ojos ya descritos, su cabello esta vez se mueve por el viento del exterior y mientras esboza una sonrisa, se decide mi suerte. Esta vez elijo yo quedar descubierto.

 – Dale de una. – Sonrío y transcurrido un segundo me sé perdido, enamorado.