La Zona Muerta (Fragmento)

“Inhaló una bocanada de aire, entrecortadamente, enderezando la espalda, con los ojos muy redondos y dilatados.

-¿Johnny…?

Ya no estaba allí.

Fuera lo que fuere lo que había estado allí, ya no estaba más. Se levantó y dio media vuelta y por supuesto no había nada. Pero lo vio allí, con las manos profundamente metidas en los bolsillos, con esa sonrisa desenvuelta, sesgada, en su rostro más simpático que bello, recostado, con su porte largirucho e informal, contra un monumento o contra uno de los pilares de piedra o quizá solo contra un árbol enrojecido por el fuego agonizante del otoño. Nada importante, Sarah… ¿sigues aspirando esa abyecta cocaína?

Allí no había nada, excepto Johnny. Cerca, en alguna parte, quizás en todas partes.

Todos hacemos lo que podemos, y eso debe bastarnos… y si no nos basta, debemos resignarnos. Nunca se pierde nada Sarah. Nada que no se puede hallar.

– El mismo viejo Johnny- susurró ella, y salió del cementerio y cruzó la carretera. Se detuvo un momento y miró hacia atrás. El tibio viento de octubre soplaba con fuerza y confusas amalgamas de luz y sombra parecían cruzar por el mundo. Los árboles murmuraban sigilosamente.

Sarah montó en su coche y partió.”

Stephen King