El honor perdido de Katharina Blum (Fragmento)

“(…) Tal es el caso, por ejemplo, del asunto del espionaje telefónico. Desde luego sirve a la investigación, pero el resultado -no obtenido por la misma autoridad investigadora- no sólo no debe ser utilizado sino tan siquiera mencionado en una audiencia pública. Ante todo, ¿qué pasa en el cerebro de un espía? ¿Qué piensa un funcionario honrado que se limita a cumplir con un deber que (aun repugnándole, probablemente) le proporciona el sustento?; ¿qué piensa cuando debe escuchar a aquel vecino desconocido, a quien vamos a llamar aquí el oferente de caricias, que telefonea a una persona tan gentil, atildada, casi sin tacha como Katharina Blum? ¿Se excita moral o sexualmente, o ambas cosas? ¿Se indigna, siente compasión, se divierte tal vez de una manera especial cuando las proposiciones, en forma de gemidos afónicos y de amenazas, hieren las profundidades del alma de una persona que lleva el apodo de <<la Monja>>? Bueno, ¡Ocurren tantas cosas en primer plano! Pero más aún en segundo plano. (…)

(…) ¿Se dan cuenta las autoridades de lo que exigen de sus funcionarios en materia psicológica? Supongamos que una persona vulgar, sospechosa por algún motivo, cuyo teléfono se ha intervenido, llama a su no menos vulgar compañero del otro sexo. Como vivimos en un país libre y podemos hablar abiertamente por teléfono, ¿qué conversaciones habrá de escuchar el funcionario, posiblemente casto y austero, en la cinta magnetofónica? ¿Se puede justificar esto? ¿Le aseguran tratamiento psicológico? ¿Qué dice a esto el sindicato de servicios públicos, transporte y circulación? Nos preocupamos de los industriales, los anarquistas y los directores, atracadores y empleados del banco, pero ¿quién se preocupa de nuestro <<ejército nacional de las cintas magnetofónicas>> ¿Dónde está el comentario de las Iglesias? Y a la conferencia episcopal de Fulda y al cómite central de los católicos alemanes, ¿no se les ocurre nada? ¿Por qué se calla el papa? ¿Nadie imagina lo que deben escuchar oídos inocentes, desde el flan de caramelo hasta las más crudas groserías? Se convoca a la juventud para la carrera de funcionario. Y ¿a dónde conduce ésta? A manos de unos pervertidos que hablan por teléfono. En este ámbito podrían colaborar las Iglesias y los sindicatos. Por lo menos, se podría elaborar un programa de formación de espías telefónicos, consistente en unas cintas con clases de historia. Esto no cuesta mucho.”

Heinrich Böll

Anuncios