Paredes malas, mentiras buenas

La textura de la pintura en varias partes de la pared detrás del aparador que sostenía la computadora era lamentable. El aspecto era semejante al efecto que tienen ciertos hongos en las casas asentadas en suelos con demasiada humedad, pero la forma en como se escurría el color era diferente pues se concentraba en las partes intermedias en lugar de localizarse en las partes inferiores. Todas mis intenciones de que el contraste entre dos tonalidades de verde transmitiera mi personalidad a la habitación terminaron en una especie de resultado de un test psicológico, en conjunto el cuarto era indefinido y oscuro, de ese modo me sentía en esos momentos.

La conquista del día no resultó como había esperado, lo conocí en un bar hace pocas horas. Tenía una cara sin mayor atractivo pero pese a la indumentaria rockera yo podía distinguir a través de la ropa suelta que tenía buena musculatura. Hace mucho tiempo había abandonado cualquier pretensión de encontrar una conversación inteligente en la boca de un adonis. El plan del día era encontrar un buen desempeño para un polvo casual, tarea bastante fácil, me bastaba un escote sugerente que resaltara un par de cualidades heredadas y una ronda de cerveza para que en un corto espacio de tiempo alguien se acercara y me invitara la siguiente. Los hombres suelen pensar que el licor los envalentona o los hace más divertidos, la verdad es que los hace más estúpidos, si eso es posible. Pero pese a que conseguir el candidato era tarea sencilla, las probabilidades de que resultara un fiasco en las tareas amatorias eran demasiado altas considerando la racha que llevaba en las más recientes semanas. Lo que me llevaba a mi situación actual, habían transcurridos ya cinco minutos y el muchacho parecía reprobar en los conceptos básicos de fisiología femenina, opté por esperar a que terminara y fue en ese momento en el que reparé en el ruinoso estado de la decoración.

Fue el hecho de perderme en esos pensamientos lo que hizo que olvidara que me encontraba en medio de una interpretación teatral, el compañero de turno lo había notado y me miraba con ojos curiosos. Opté por sonreír y seguir en la pantomima. Hace un par de años esta tragicómica situación me habría parecido irreal siendo yo la protagonista, muchas cosas habían pasado, es regla general que elegir estupideces en la vida se paga con lo incierto. Sí lo pensaba claramente el día de hoy se habría cumplido un aniversario más con Andrés, tal vez inconscientemente por eso salí siendo jueves. Recordaba siempre el día en que empezamos a llamarnos novios, se recuerda con nostalgia los comienzos de todo y se intenta olvidar los finales sobre todo los malos, no se logra.

El día que elegí terminar nuestra relación, llovió con intensidad desde la mañana, hubo un momento en el que el sol hizo un amago de aparecer al medio día, pero solo hizo que se pronunciara el chubasco por la tarde. Andrés vino a verme con su mejor talante, a sabiendas que mi mensaje escrito era bastante explícito, las fórmulas gastadas pueden resultar vulgares incluso hasta obscenas, pero las facilidades que nos brindan son incomparables, “tenemos que hablar”. Tres palabras que me habían librado de la necesidad de decirle que le sentía inferior a mí, que había dejado de admirarlo, que no veía futuro a la relación, que ya no teníamos tiempo para nosotros, algunas otras mentiras… en fin eran ya tres semanas que empecé a salir con Ivan, hasta yo tengo conciencia. Cuando nos sentamos en un café, no pude sostener su mirada, recurrí a todos los clichés que había pensado con el afán de no lastimarlo, Andrés me amaba con la intensidad que se siente una sola vez en la vida, yo respetaba eso, pero en ese momento no lo entendía. Él intentó mantenerse sereno y controló como pudo su reacción, al final no me recriminó y respetó mi decisión, creyó en mis argumentos, lo que al final solo ayudó a reforzar mi idea de que no debía estar con él. Y así pasaron los días sin que en realidad afectara demasiado mi vida la decisión que había tomado, me encontraba alegre y positiva, todo iba bien en el trabajo, en la familia e incluso las maneras rudas de Ivan me parecían supremamente seductoras. Luego vino el vacío, llegué a pensar que algo estaba mal conmigo, que pese a poseerlo todo no era capaz de alcanzar lo que en definición es la felicidad. No creo en nada de las cuestiones de la justicia divina o pendejadas similares pero ante la contundencia de mi problema pensé varias veces en ello, nunca es bueno romper el corazón de nadie.

El muchacho había soltado un corto gemido concluyendo así su obra, fingí una sonrisa más y empecé a vestirme, todo había resultado en una pérdida de tiempo, intercambiamos números de celular y nos despedimos. Cuando se fue empecé a buscar esa caja que había guardado en el armario hace algún tiempo. Me había librado de todas las cosas de mi relación con Andrés salvo una foto que había doblado de modo que no parecía que estuviéramos juntos sino separados indefinidamente por el doblez, un pequeño papel con una frase y un libro. Él último artículo había sido un regalo. Lo había leído con desinterés, porque Ivan ya ocupaba mis pensamientos, lo abrí y empecé a leerlo otra vez, en esta ocasión y a mi pesar la historia era distinta desde la perspectiva que me encontraba. Entendí el verdadero significado que tal vez tenía, o puede ser que solo había recordado las dos palabras que permanecían en el pequeño papel. Quemé la foto y la frase, estaba empezando a llover y a veces es bueno hacer una hoguera con lo que nos pudo hacer felices y por una decisión lo perdimos. Era tarde, no solo el libro era otra historia, yo también había cambiado.

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