Memoria perfecta

A veces tengo la nostalgia de aquella primera mirada

pese a que el ayer es pasado

digo que fue en esta misma calle,

o en aquel bar, tal vez fue una parada

pero es certero que fue en una montaña,

o quizá en el mar o en una cascada.

 

Cascada no de cascar porque esa es historia privada

pero recuerdo robarte un beso

bajo la lluvia, o en una esquina,

o en una flota bolivariana

lo que no olvidaré será tu sonrisa,

o fue tu bochorno o tu cachetada.

 

Cachetada por la osadía del resto estuviste encantada

presumo un poco y te pido que calles

pa decir que me encantaron tus ojos,

o fueron tus labios, o un par de detalles

al final triunfó mi constancia

o mi cortesía, o tal vez mis palabras.

 

Palabras que en su momento olvidaste

que las cambiaste en un súbito instante

solo sé que de mí dudaste

que te defraudé o que me engañaste

y recuerdo que en silencio escuché,

o que no me importó, o que me mataste.

 

Mataste como quien fusila sus propias tropas

me exiliaste a los amigos… los bares

y para olvidarte me embutí cien copas

o mil botellas, o cinco mares

entonces el dolor se hizo arena

se diluyó en odio o quizás en pena.

 

Pena que al fin no guardo, acepté yo no pierdo

y un buen día dejó de hacer mella

y me quedó apenas un recuerdo,

tal vez una foto, tal vez una huella

mérito tangible de la familia

o será del amigo o quizás fue ella.

 

Ella llegó de una, así sin previo aviso

me hablo de eternos y de indelebles

con mucho cuidado me movió el piso

cambió mis aires y trasladó los muebles

y me regaló bellas incertidumbres

un par de gafas y tres costumbres.

 

Costumbres que ahora en todo aplico

con mezcla de gusto, entusiasmo y fe

es con su voz con la que me identifico

porque la quise o quizás porque se fue

y porque aprendí a dejarla ir

pues me enseñó de nuevo a sonreír

 

Sonreír con bríos, con entusiasmo en uno mismo

dejar de lado la tristeza, el desenfado

y si un día vence el pesimismo

recordar al instante que en algún lado

a un niño gordo en este momento

se le acaba de caer su helado.

Me acuerdo

¿En qué se mide la calidad de una vida, tal vez en los logros alcanzados, en la cantidad de cosas que poseemos, en las veces que hemos reído de forma sincera o en las acciones que nos atrevimos a realizar? No lo sé, ya voy más de un cuarto de siglo por aquí y me es imposible dar una opinión remotamente coherente, incluso lo que ha pasado tiende a convertirse en dudoso, mi memoria no es la de antes y son otro tipo de sucesos los que aún recuerdo.

Aún guardo las primeras conversaciones de mi vida, con lo afortunado que soy recuerdo que fue con una mujer increíble que pese a que yo no sabía su idioma se adaptó y aprendió a hablar el mío, se confunden con las memorias en las que un sabio mercante me ofertaba en el mercado de “El Salto” cada vez que intentaba un berrinche. Recuerdo a mi primer contrincante de boxeo, vale todo y otras artes marciales originales, a quien adoro y que sin rencor admito fue siempre superior pese a ser una niña.

Lo acontecido con mis abuelitos lo recuerdo mediante olores, un profundo y fuerte aroma a café negro se intercala con una dulce fragancia de capulí y que en conjunto emanan un cariño sincero; y del otro lado madera cortada que inspira respeto. Los tíos son caso aparte, en mi mente se cruzan motos con bigotes, besos en las mejillas con libros revolucionarios, cubos metálicos para lácteos con frunas de varios sabores, hermosos grabados en madera con platos serrano-costeños; y aún así ese desbarajuste de ideas no le llega a la rodilla del que arman los primos: que llegan a chiflados, pasan por “no voz”, imitadores de Leonardo Favio, una pata loca, músicos, banderines, que me faltarían post para honrarlos a todos.

Si me separo un poco de los que porque tocó me tienen que querer aunque no les caiga bien (osea a mi familia), me pongo a pensar en tantas personas que han enriquecido mi vida, desde la escuela con la peque banda de la que fui parte (banda ñoña diría porque así era mi vida en ese entonces), con los amigos del barrio cuando yo tenía otro nombre sacado de Chip N’ Dale (alguien recuerda ese programa) y otras habilidades atléticas (nunca fueron mayor cosa la verdad), luego el colegio en el que conocí a nuevos hermanos y la vida pasaba entre el PAK y las LPC (que por cierto en donde quedarían esas bonitas amistades en conjunto). La u no fue tan pródiga en la cantidad de amistades pero sí en la calidad (caso aparte para mi más, la niña, el chilicuil y el compañero tesista). Y ya en la vida laboral, la que dice ser muy seria y de responsabilidades me queda la advertencia del cuarto de balanzas, los largos devaneos por carreteras del oriente y ahora el evidenciar que estresado hablo dormido.

Y llegado este punto quedan los puntos de quiebre y las personas que estuvieron a mi lado que por no enojar a terceros no voy a detallar, tal vez y sin temor podría empezar por largas conversaciones en las que compartiendo a Fito y a Charly se empezaba a expandir la mente y al mismo tiempo un colgante cuyo destino final nunca supe y que terminó con todo un estado mental. Está muy claro el viento en el rostro de los viajes a “La Chilintosa”, aunque es poca cosa comparado con la princesa y la esfera azul. Vienen a mi mente reuniones en la hacienda del Terrible o rodeados de fresas que son intocables, incluso la mesa de una fiesta de quince años me brindaría amistades incondicionales. Los cambios en mi apelativo que variaron entre arácnidos, hermandades cuasi-sanguíneas, fritos comestibles y entre las últimas un “Maaaa” gutural pero muy sentido y un cierto apodo cariñoso que no me terminó de gustar. En definitiva he tenido suerte, cosas que nunca habría imaginado me han ayudado a conocer personas maravillosas desde libros de Nietzsche, borradores prestados, laboratorios aburridos, ebriedades ajenas, tres en raya y galleta, cursos de otros idiomas, bailes y otras nimiedades. Y al final tal vez no tenga en el transcurrir de mi vida grandes logros, puede que mi vida pase por muy corriente, pero sigo igual riendo, permitiendo que mi corazón permanezca abierto a la gente y si al final por ahí en un pequeño rincón alguien me recuerda y sonríe, esta vida estará completa.