Siútico – Arribismo, abajismo y vida social en Chile (Fragmentos)

Términos equivalentes: Snob\LeftrightarrowSíutico ; Roto\LeftrightarrowCholo;

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“Rotear es de rotos”

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“Una chilena residente en Europa, (…), cuenta el caso de una mujer de su entorno familiar que fue a visitarla a Berlín:

Llegó al aeropuerto, bajó del avión, me saludó, y con un suspiro de alivio declaró: <<Aquí se respira otra raza, aquí uno se siente bien>>.

Nótese que en estos casos el <<uno>> es muy claro y apunta al grupo de <<la gente como uno>>. Prosigue la chilena en Berlín:

[Ella] se cagaba en todo lo que establece el orden civilizado, se cagaba en el reciclaje, en los pasos de cebra, en las colas, y mientras tanto repetía que ella tenía que vivir aquí, porque se sentía cómoda, era lo suyo. Y no sabes cómo le hacía falta la nana. Mi pareja, un europeo amamantado por la socialdemocracia europea, no daba crédito de lo que salía de la boca de esa mujer que se juraba progresista. Yo tenía que explicarle que no era mala. Que solo era tonta.

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“Es siútico el tipo que no te puede convidar a comer pollo con arroz. Te convida a comer caviar, pero del más barato”

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“La antropóloga Loreto Rebolledo estudió la historia del exilio chileno posterior al golpemilitar de 1973. Uno de los fenómenos que le llamaron la atención fue la discriminación a la hora de sacar del país a la gente de izquierda que corría peligro. El sistema funcionaba a través de listas de personas que requerían las embajadas extranjeras en Santiago. <<Los mismos partidos organizaban esas listas, y se elaboraban en función de los contactos que se tenían o bien si la persona era militante de alto rango.>> Los intelectuales, los dirigentes y los profesionales fueron los primeros en ser solicitados por las embajadas. Ellos viajaron preferentemente a países latinoamericanos. Los menos privilegiados, aquellos sin contactos en las cúpulas de los partidos ni familiares que se preocuparan de ponerlos en una lista, fueron a parar a Suecia, Inglaterra y los Países Bajos. Entre estos exiliados estaban los campesinos mapuches miembros de partidos de izquierda. Loreto Rebolledo explica:

Cuando los mapuches llegan a los países que los acogieron, les llama la atención que allí los tratan como a cualquier chileno, porque para el europeo todos los chilenos son del mismo color. Eso los sorprendió, y es algo muy interesante porque en el fondo el tema es cómo la mirada del otro te construye la mirada que tienes sobre ti mismo.

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“La tradición más primitiva y utilitaria reza que el mejor camino de un hombre para cavar su ruina social es casarse mal. Y casarse mal, para un varón en un esquema patriarcal, quiere decir, en orden de importancia, hacerlo con una mujer sin apellido, sin dinero y sin ambiciones.”

“Una entrevistada sensible al tema, hija de un renombrado dirigente del agro, asegura que la manera más efectiva de confirmar el origen y el destino de un hombre es conociendo a su mujer:

La mujer es la que muestra la hilacha. En una oficina de puros hombres no se nota tanto quién es quién, pero cuando aparecen las esposas uno termina de enterarse.

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“Esther Edwards le da un sentido diferente a esa relación de conveniencia entre la clase alta y los militares, con una metáfora limpia y feroz:

Si tú tienes una empleada maravillosa, que te plancha las camisas a la perfección, que te plancha las sábanas, que te hace las comidas más exquisitas, no la vas a echar porque usa un perfume que no soportas. No. Lo que haces es aguantarla.”

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“El chileno cosmo [siútico] es muy de diseño, de tienda y de tendencia, todo lo nuevo le mata. (…) Para el cosmosiútico la tecnología de punta tiene como valor agregado el estatus, por lo tanto se desvive por el gadget y por el nuevo modelo que ya tiene encargado. El encanto no está solo en tenerlo, sino en decir que se lo tiene, y decirlo en inglés tecnocrático, que es como hablar un idioma distinto que le debe más a Bill Gates y Paris Hilton que a Shakespeare o Hemingway.”

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“Pero está el otro abajista. No el de gallada, sino el criado en la prosperidad económica aunque bajo la idea de multiculturalismo, de la pluralidad, y de la noción de justicia social. Ése es el cuico [pelucón] abajista que lee a Susan Sontag, escucha a Manu Chao y se reúne con sus amigos en una cantina con referencias a los tugurios rurales con borrachitos sin destino (…)”


Óscar Contardo