Finales en intervalos

El bus es viejo, como una lata callejera, como más podría describirlo… Al menos está vacío, apenas nueve ocupantes anónimos: tres universitarios conversando animosos, un señor casi dormido, una señora de edad, dos militares de tropa, y nosotros sentados calladamente. Tú observas en silencio aunque sin enojo aparente, yo espero tus palabras, meditando en mi arrogancia. A veces soy insoportable. Es una pobre conclusión, lo sé debería cambiar.

– Acepto que es difícil, pero tan convencido estás? – Ella hace una pausa, como buscando un equilibrio – Sin el final feliz… una historia solo sería… – Dudas porque te duele, porque te parece irreal,  porque no quieres deprimirte – No sé, como triste!

Tus ojos se ensombrecen, tanto que solo al decirlo desvías la mirada, fue tu última palabra la que pesó tanto. Yo sé que decepciono pero no es voluntario, son los pesares acumulados, las certidumbres que destrozadas se convirtieron en cinismo. Como siempre busco racionalizar.

– A veces soy imbécil! No me hagas caso, no sé demasiadas historias. Como puedo asegurar algo de lo cual ignoro, solo que para mí, no tiene ningún sentido – Termino la frase final pero sin convicción verdadera, quería despejar tu tristeza y en su lugar, siento en cámara lenta como ligeramente te alejas.

– Entonces un buen relato por ejemplo como termina, lo que más te anima a leer algo es conocer el final! – Lo dices muy afectada, como si de forma ligera insinuaras algo que está implícito en semejante aseveración cuando se dice dentro de una pareja.

– Yo suelo leer algo que aporte de forma positiva a mi existencia, puede ser que los buenos libros no dan para comer pero si suelen dan para vivir. En la realidad no vas a encontrar los “Vivieron felices por siempre”, tampoco las parejas ideales, ni los príncipes azules ni las princesas perfectas – Apelo a racionalizar porque he olvidado otras estrategias,

– Si eso es cierto, el amor es inconcluso, vacío de todo significado y no sé porque nos molestamos en intentar – Optas por soltar mi mano, que en este punto es el único índice de afecto entre nosotros. Los universitarios murmuran algo y después el bus permanece en silencio como si hubiera seguido atento nuestra conversación y te respaldaran con su mutismo.

Para mis adentros pienso, me exprimo el cerebro, buscando la fórmula que logre destruir ese vacío en el que de forma gratuita estoy inmerso. Yo solía ser bueno para estas situaciones complicadas, tenía la palabra precisa, incluso hubo ocasiones en las que actué sin pensar y el resultado era simple pero inmejorable.

– Sabes tengo una idea, mira este bus destartalado en el que estamos e imagina que ambos somos los protagonistas de una historia en particular, tanto el pasillo como la ventana están sucios, la gente que nos rodea bordea el estereotipo y el colmo es que estamos por pelear.

– Si tu punto es que estamos por tener un final infeliz estás haciendo una magnífica introducción – Es raro el sarcasmo en ti y es por eso que cuando terminas de hablar es justo cuando lo recuerdo y me sorprende la sencillez de lo que había olvidado y río.

– Lo que tenemos por seguro es el presente – Saco mis audífonos y aunque tardo en mi celular sé con seguridad lo que estoy buscando- Puedes escuchar esto por favor se llama “Mimar você” de Caetano Veloso.

– Tú sabes bien que yo no sé portugués – Intentas devolverme el audífono.

– Estaría feliz en susurrar a tu oído lo que significa cada palabra.

El bus es igual de viejo y descolorido, sus ocupantes no cambiaron, la historia es diferente.