En eso se resume

Hasta ese momento no había caído en cuenta que no sé la forma que tiene una zarza, o si una nube debería ser de un color especial para poderla distinguir de una niebla; para ser sincero habría esperado quedarme ciego o tal vez que alguna verdad me fuera revelada como quien desliza una cortina para que el espectador comprenda el capítulo final de una obra. En lugar de estas apreciaciones las circunstancias de la epifanía habían sido completamente equivocadas, humanas muy humanas.

Nunca terminé mi educación formal como músico, solo las bendiciones de Baco me engañaban a la hora de cantar y estoy por completo seguro que más que un don era una maldición para los seres cercanos. Tampoco tuve la gracia de los dioses para la pintura o el dibujo y mis manos son incapaces de modelar la piedra o el barro, ni los castillos de arena me salen bien. En la danza soy más bien torpe o lo poco que sé es por esfuerzo y no se diga la poesía que por algo este texto no rima.

Poco puedo argumentar en dialéctica, y de poco me ha servido leer sobre la epistemología, los sistemas suelen tener fallas, así como los conceptos tienen variables, las medidas poseen incertidumbres e incluso los números a veces dependen de estadísticas inciertas. Tanto las ciencias exactas como las humanas tienen sus limitaciones y es normal que alguien tan obtuso como yo no las entienda.

En los cardinales solo llegué a entender los puntos de orientación jamás las virtudes. Siempre imprudente con mis comentarios, injusto con mi tiempo y dedicación, desbocado en las atracciones y deficiente en los momentos difíciles. Le fallé a Platón, a Cicerón y a Tomás de Aquino, y hasta al cura de mi confirmación. Para colmo también soy perjuro como teólogo así que la fe estribaría en la esperanza que por caridad algo recuerde.

Siempre tibio nunca decidido, ese es el mal común de los mortales. Ni para las opuestos salí bueno o debería decir malo. Tal vez por pereza no resulté soberbio pues nunca encontré bueno perder el tiempo en hablar de mí mismo, o será envidia por los que si pueden. Me guardo mi ira para los que no la merecen y en esa avaricia no suelo poder comer ni pensar mal. Acorralado entre la indecisión siempre acabo debiendo y cuando hasta mi alma pongo en oferta resulta que no hay demanda.

Y si algún valor he considerado tener viene del lado de los sentimientos, esclavo fiel de lo que me ocurre. Altruista más por el decreto de un programa computacional que por aclamación popular. Fiel sujeto a ser herido más por confiado que por masoquista. Proclive a perder cuando se apuesta el bienestar, poco sesudo en el lado de confiar. Y hasta hace poco tan ignorante en acciones abismales como el hecho de saber callar.

Embelesado en anunciar mi madurez, proclamé a los cuatro vientos mi independencia, en la facilidad de desprenderme de las cosas, en como con mi absoluto conocimiento podía desmentir al charlatán, como se puede prescindir de lo superfluo y de cómo ser más humilde sumido en la grandeza.

Un día sucede sin previo aviso, opto por el silencio, por la duda, pues te cruzas en mi vida. Siendo la más tierna revelación del camino, incapaz de entender semejante descubrimiento me siento ignorante al tratar con tal belleza. Aún no sé cómo se moldea una melodía que rima con un movimiento en un trazo. Ninguna regla me susurra como hablar contigo, ningún teorema me dice la estrategia para no perderme en tu mirada. Cualquier virtud que busque en mí, para merecer ser digno se me hace incumplible o escapa a mis esfuerzos y del mismo modo cada evento reprochable me parece perdonado si me imagino compartiéndolo contigo. Y si de sentimientos es el foro me declaro ignorante cuando de ti se trata. En cuanto a mi falsa libertad, solo puedo decir que no es completa si no estás conmigo.

Y en eso se resume, puedo decir que pasan revelaciones, artes, verdades, virtudes, pecados y sentimientos. Pero el tiempo no pasa, está detenido, y del mismo modo que reza el poema tan conocido, ahora “estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo”

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Manual para vencer a la incoherencia

En definitiva ese día Juan no estaba en plan de irnos de conquista. Cuando me llamó a la hora que salía de mi trabajo pensé que como en otras ocasiones acudiríamos a la primera discoteca que encontráramos abierta y gracias a su carisma innato a las dos horas terminaríamos bien acompañados. A mi juicio era prudente y oportuno porque con el historial de las últimas semanas era eso o ponerle un nombre de mujer a mi mano derecha.

Fue muy grande mi decepción cuando me sugirió beber unos combos de bielas en un bar de mala muerte, el hecho de la propuesta revelaba ciertas cosas de forma clara: que alguna idea cojuda le atormentaba el mate y que las únicas mujeres que veríamos no lo habían sido durante el inicio de su vida. Pero siempre una excusa para salir de lo monótono es buena y además me preciaba de ser un buen amigo, en pocas cuando toca embrutecerse, toca. Juan me sorprendió una vez más aquella vez porque pese a que estábamos en la primera cerveza comenzó una perorata que de seguro no fue una cuestión espontánea y que más bien le había ocupado la mente al menos una semana.

– Me andan jodiendo mucho las incertidumbres brother – Sujetó el vaso sin demasiada convicción y mientras lo hacía mantuvo la mirada fija en la etiqueta que rodeaba la botella.

– ¿De qué me hablas loco? Si alguien tiene muchas cosas seguras eres vos, un buen trabajo, una pelada espectacular, una familia bacán. Si tienes un problema es falta de confianza que no me hayas contado body – No suelo sacar a relucir mis envidias sanas pero cuando se da la oportunidad es útil desahogar ese tipo de sentimientos.

No me respondió y mantuvo su abstracción como si juzgara una a una mis palabras, me dio la impresión que estaba razonando si yo era la persona adecuada con la cual compartir su pensamiento. Por mi lado no tenía ninguna prisa, terminé mi vaso y mientras me servía el siguiente intenté encontrar un significado oculto a las pocas palabras que había articulado.

– Yo sé que tal vez no aparento, pero siempre estoy lleno de inseguridades, es decir van más allá de lo que puede parecer necesario para ser una persona estable frente a la sociedad. Tú me conoces de años, sabes que me gusta la coherencia – Vaciló en la última palabra y tras un tomar un trago repitió – La coherencia en la vida. Y si ves a los demás bajo ese lente la mayoría de personas no merecen el respeto que se nos inculca a tener espontáneamente. Idealistas que no dudan en venderse a nuevas ideologías, religiosos que hacen sacrilegios contra la naturaleza humana, madres que se jactan de serlo y no conocen en absoluto a sus hijos, gente en general que se queja de lo mal que los ha tratado el amor y termina con rayones sobre quien les hizo más daño, humanos que afirman querer cambiar y regresan a los mismos errores… a las mismas personas, repitiendo una estupidez una y otra vez.

La mirada de Juan estaba llena de rencor, era muy difícil saber con exactitud cuál de todos los temas que mencionó era el que ocupaba su mente. Yo sabía que hubo un período en que él mismo había sucumbido a tendencias nihilistas radicales de las cuales se había retractado, así como después de su profunda depresión paso por un fervor religioso del cual solo las abuelas más conservadoras podrían estar de acuerdo, era un hecho a su vez que su madre en el afán de entregarse a la religión ignoraba los verdaderos pensamientos de su primogénito y era más que obvio que las últimas líneas habían sido para esa persona que tanto quiso y que terminó por defraudarlo.

Después de esperar con paciencia algún argumento de mi parte, miro asqueado el vaso que sostenía y lo apartó. Regresó su mirada a la puerta como si buscara a alguien, pero a los cinco minutos volvió a fijarse en mí y continuó.

– Tú más que nadie me conoces, siempre me adapto, soy tolerante y suelo ceder en los problemas, soy bueno para pedir perdón primero, no explico todo lo que sé, no opino con la certeza que me da lo que conozco, pero por más que me esfuerce nunca será suficiente para contrastar la realidad de ser coherente en un mundo en el que lo opuesto es lo regente. Sabes he estado pensando, pensando demasiado supongo, y no creo poder soportarlo, nunca se puede ser la excepción de algo sin enloquecer.

– Pero estar loco es perfecto, es lo que permite que nos divirtamos, lo que nos hace sentir vivos, lo que – Juan estuvo a punto de golpearme cuando me detuvo con una señal de la mano.

– Gracias hermano, me diste lo que necesitaba. Con todo lo que te aprecio y lo que nos conocemos no entiendes mi situación, y aunque suene a reproche para mí no es más que una confirmación de lo que sospechaba. Cuando eres lo opuesto a la regla general la única forma de prevalecer es claudicar y volverte como los demás.

Con la mano derecha me dio un sobre con un par de anillos entrelazados en la portada, y volvió a mirar hacia la puerta del bar. Desconcertado miré hacia la puerta y vi a Ruth, habían pasado tres años desde que tomé un taxi y encontré a mi amigo sentado y llorando en un parque porque ella le había dicho que estaba “confundida”. Juan prometió aquel día que nunca más le hablaría y que la arrancaría de su corazón. Entonces entendí que su discurso no iba en contra de nadie, era la forma más ecuatoriana de luchar contra lo que iba a hacer. Caí en cuenta que había dedicado mucho tiempo para entender la verdadera forma de renunciar a sí mismo. Se puteó y se dispuso a ser todo lo que no era. Renunció a la coherencia en el momento mismo en que sostuvo la mano de Ruth y abandonó el bar.