La despedida

Bajo ciertas concepciones del destino, existe entre ciertas personas la creencia de que el equilibro de este universo se sustenta en que en algún lugar  existe un ser opuesto a nosotros, que sin ser necesaria una similitud física, obra y decide  completamente diferente  bajo circunstancias similares a las que nos vemos expuestos en nuestra existencia. Damián era algo así para mí, solo que pienso que por una mala decisión el año anterior él murió, pero en lugar de resignarse a desaparecer prefirió compartir a turnos esta vida, mi vida, como un jugador que se mantiene expectante, dispuesto a saltar a la cancha. No estoy por completo seguro de cómo logró instalarse en mi inconsciente, supongo que se le ocurrió visitarme, y coincidió con alguna velada en la que una botella era mi única compañía. Es que en esa temporada mi alma seguía dividida, creo que él observó con cuidado mi estado, percibió en mí el vacío, de modo que decidió hacer algo al respecto.

Siempre consideré a Damián muy superior, él es lo extrovertido que siempre quise ser, tiene las agallas que siempre me faltaron y sobre todo se aventura a correr riesgos que yo consideraría innecesarios. Y fueron precisamente esas actitudes tan ajenas las que permitieron que constatara su presencia, con cautela se había integrado a mi grupo de amigos, aprovechaba cualquier desliz de mi conciencia y brotaba a la superficie, con frecuencia actuó en mi nombre y actuó con mi reputación en juego. Pronto una confrontación directa fue indispensable, y él como es un amante de lo teatral, se presentó de forma sorpresiva y su discurso fue tan profundo y reflexivo que me dejo admirado y más propenso a dejarlo actuar a voluntad.

Damián es físicamente igual a mí en cada aspecto, incluso tiene el diminuto lunar del dedo índice de la mano izquierda, sin embargo cuando sonrían el lado derecho de su boca se desfigura hacia abajo, y más que una mueca forma un rictus malévolo, capaz de carcomer mis huesos cuando con completa seguridad duda sobre cada una de mis acciones. Sin embargo hoy es diferente, su aparición que se limitaba a estados oníricos, de ebriedad o de ensoñación, es tangible en esta ocasión, y su presencia física es tan real que lejos de un temor lo que siento es una hasta ahora desconocida familiaridad. Nos encontramos en la sala de mi departamento y como es usual se encuentra en un sillón diagonal al lugar en el que me encuentro, se mantiene serio y aunque no ha pronunciado ninguna palabra su pose me revela lo que viene a decirme, no se trata de ningún consejo ni de ninguna advertencia, es una despedida.

Intento empezar a hablar pero con un gesto me lo impide,se toma su tiempo como si meditara el contenido de lo que va a decirme, cuando estoy por admitir que no me dirigirá ni una sílaba, deja de ignorarme y se torna hacia mí.

– Por muchas razones debo estar agradecido contigo – Hizo una pausa y tosió para aclarar su garganta – Aunque si lo piensas no fue una acción deliberada de tu parte el partir tu alma y dejarme compartirla.

– Creo que no tuve una oportunidad justa de negarme a semejante confianza, verdad? – Pienso que es mejor espabilarme e intentar enfrentarlo con la misma pasión, cada discusión hasta la fecha ha sido definida por una pequeña duda.

– No te crezcas! Que no sirves para estos trotes, si empecé por agradecer fue por mantener un cierto grado de cortesía contigo, todo este tiempo no has dejado de comportarte como un niñato malcriado, va siendo hora de que empieces a comportarte como alguien que vale la pena!

Enmudecí y me ensimismé, habíamos hablado en varias ocasiones y siempre prefería ignorar su rostro para evitar la algarabía de sus victorias dialécticas.

– Mi afán ha sido el de ayudarte, evitando que alcanzaras el fondo de tu propia soledad… Pero abusaste, incluso cuando era yo quien tomaba control de lo corpóreo me usaste como un desfogue, fui todo lo cínico, perverso e irresponsable que tú querías que fuera, y aún así te lo permití.- Hizo una pausa y su tono denotaba que no era una recriminación, avanzó hacia mí y me sujeto por los hombros – Tú sabes que para descifrar la verdad sobre ti, las personas no deben mirar hacia el gesto de tu boca que es por lo general optimista, alguien que te conoce mucho en varias ocasiones te ha descifrado con solo ver tus ojos, sabes de quien hablo.

Ese detalle no era nuevo para mí, en ese momento pensé en esa persona pero caí en cuenta que no era ese el objetivo de las palabras de Damián, analicé lo que me acababa de decir y lo miré, sus ojos que expresaban una profunda tristeza cambiaron y su boca sonreía de una forma nueva, era real, era de alegría.

– Yo no era la persona que perdió parte de su sonrisa, yo no fui ni soy tan bueno, por eso acepté llevar por ti esa carga. Pero no más, no porque me haya cansado es sólo que se ha aligerado tanto que es casi imperceptible, eres afortunado.

Mientras terminaba la frase comenzó a desvanecerse, y cuando transcurrido un momento solo existía como una niebla etérea en la habitación, a falta de un espejo me palpé con exagerada lentitud mi sonrisa, la tarea fue fácil pues las lágrimas que no había notado que tenía me ayudaban a trazar su forma. Noté que aún quedaba una línea irregular en el lado derecho, pero a diferencia de hace algún tiempo sabía la manera correcta de hacerla desaparecer.

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